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miércoles, 24 de diciembre de 2008

El hueco del año. (Cronica de una familia nacida en Osuna)

Recuerdo unos años en que la caja grande de mantecados y polvorones rodaba de cama en cama junto a una botella de aguardiente dulce, obsequiándonos mi madre con la tradicional palomita, (chupito de agua con gotas de aguardiente) con la que nos anunciaba la llegada del nuevo día. Recuerdo juguetes en escaparates, el primer árbol de navidad del pueblo, instalado en la Plaza Santo Domingo, el coro de campanillero cantando al destello de sus luces en el que participaba uno de mis hermanos, y aquel pastel de arroz que hizo otro, y que camino de la mesa, sobrevoló por el aire, pudiendo salvar sus púberes dedos un plato vacío bajo la mirada codiciosa de una trupe de hermanos.
Asomada al balcón contemplo padres, hermanos, familia, llenando rincones en la distancia, escogiendo el montón de vivencias positivas, da igual en qué época del año, la fecha es lo de menos y con ese espíritu, ésta familia de 8 hermanos solemos encontrar un hueco al año para vernos aún sobreponiéndonos a las desgracias, el dolor no es excusa para dejar de cultivar esta forma de aunar lazos.
Llegado el día en que la multitudinaria prole ya no cabíamos en la casa paterna, un restaurante fue el lugar de encuentro, daba igual la ciudad, hasta que que por asunto de distancias, no cargar de kilómetros a nuestros ancianos padres, u otros motivos, se decide como punto acertado de encuentro nuestra tierra de origen, Osuna, situada en Sevilla y en dirección al sol naciente.
Optimismo, algo de paciencia, y llamadas telefónicas con dosis de cariño, son los ingredientes con los que los nos remangamos en noviembre para sincronizar fecha de reunión familiar. Cada cual concreta las libres de sus respectivos hijos a fin de acomodar la más acertada. Poner día que venga bien a 48 no es huevo que se eche a freír si contamos que, exceptuando 3 pequeñines, todos sobrepasamos los 18.
A sabiendas de que obligaciones, trabajos, o estudios, llenan agendas y que el hueco de unos, en otros está ocupado, consigna nueva salta de teléfono en teléfono:
“si algún hijo no puede asiste, ya podrá otro año. Pero los hermanos tenemos que estar todos”.
20 de diciembre fecha escogida. El mal tiempo y la nieve de días precedentes desapareció dejando un sol radiante que acompañó desde los puntos de salida: Granada, Malaga, Antequera, Alfarnate, Los Palacios, Arahal, los más cercanos parten de distintas calles de Osuna, en cambio también hubo quien venía de Madrid, pero quien viajaba desde Birmingham llegó al aeropuerto de Sevilla con el tiempo justo de cruzar en coche la carretera y estar a la hora prevista en el Restaurante Villa Ducal de Osuna, lugar ya casi adjudicado con camarero incluido, que aunque descanse ese día, él se encarga de cambiar turno, satisfecho de volver a ver rostros de la infancia regresando por la tierra juntamente con su progenie.
Besos, saludos, risas, van llenando de algarabía la barra del Restaurante pasando prontamente al reservado donde las copas y asientos se extienden sobre el pulcro mantel adornado con flores a lo largo de la inmensa mesa.
¿El paseíllo más largo? Por supuesto toca al último, estampando sus 43 bezasos que flota en el ambiente dando paso a aperitivos, cámaras de fotos, puesta al día entre primos, sobrinos, hermanos, y hasta los más jóvenes cantan villancicos acompañados de exóticos instrumentos musicales que sacó del bolso una de ellas.
Aunque la ausencia de cuatro por asuntos de trabajo, comida de empresa, y curso, nos hizo echarles de menos, sabemos de su añoranza.
Es de destacar un nuevo embarazo, niño que esperamos no sólo por lo que significa para sus padres si no para todos.
La despedida se dejó caer en forma de Aceite Virgen Extra 1881, Loterías de Navidad, Botellas de Tinto, y Tarros de Melocotón en Almíbar, y cómo los novios nuevos que aparecen, a fin de introducirlo en la familia, el día de la comida, son manteado entre todos los hombres, quiero dejar bien sentadito, que este año, Maria Jesús, ha sido la primera mujer manteada entre todas nosotras.
¿Inicio de nueva era de manteos?
Esperando no terminar manteando recién nacidos, Felices Fiestas a todos.



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lunes, 10 de noviembre de 2008

¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! (G.A. Becquer)

foto creación familiar. Sevilla.2008


Cerraron sus ojos,
que aún tenía abiertos;
taparon su cara
con un blanco lienzo,
y unos sollozando,
otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron.

La luz, que en un vaso
ardía en el suelo,
al muro arrojaba
la sombra del lecho;
y entre aquella sombra
veíase a intervalos,
dibujarse rígida
la forma del cuerpo.

Despertaba el día,
y a su albor primero,
con sus mil ruidos
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterio,
medité un momento:
“¡Dios mío, qué sólos
se quedan los muertos!”

De la casa en hombros
llevárosla al templo,
y en la capilla
dejaron al féretro.
allí rodearon
sus pálidos restos
de amarillas velas
y de paños negros.

Al dar de las ánimas
el toque postrero,
acabó un vieja
sus últimos rezos;
cruzó la ancha nave,
las puertas gimieron,
y el santo reciento
quedóse desierto.

De un reloj se oía
compasado el péndulo
y de algunos cirios
el chisporreteo.
Tan medroso y triste.
Tan oscuro y yerto
Todo se encontraba…
que pensé un momento:
“¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!”

De la lenta campana
la lengua de hierro,
le dio volteando
su adiós lastimero.
El luto en las ropas,
amigos y dedudos
cruzaron en fila,
formando el cortejo.

Del último asilo,
cscuro y estrecho,
abrió la piqueta
el nicho a un extremo.
Allí la acostaron,
tapiaronle luego,
y con un saludo
despidiese el duelo.

La piqueta al hombro,
el sepulturero
cantando entre dientes
se perdió perdió a lo lejos.
La noche se entraba,
reinaba el silencio;
perdido en la sombra,
medite un moento:
“¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!”

En las largas noches
del helado invierno,
cuando las maderas
crujir hace el viento
y azota los vidrios
el fuerte aguacero,
de la pobre niña
a solas me acuerdo.

Allí cae la lluvia
con un son enterno;
allí la combate
el soplo del cierzo.
del húmedo muro
tendida en el hueco,
¡Acaso de frío
se hielan sus huesos!

…. ….
¿Vuelve el polvo al polvo?
¡Vuela el alma al cielo?
¡Todo es vil materia,
Podredumbre y cieno?
¡No sé; pero hay algo
que explicar no puedo,
que al par nos infunde
repugnancia y duelo,
al dejar tan tristes,
tan solos los muertos!

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jueves, 10 de abril de 2008

Valiente y dura a la vez

foto-archivo-familiar


Valiente y dura a la vez
así has de ser con tus hermanos,
los siete niños no son mancos,
del primero al último ¡pegón!

Inma, suave y buena,
valiente y dura a la vez,
inamovible has de ser.

Y aunque te ahogue la pena,
garrotazo y tente tieso
o guantazo a tus hermanos.

Menuda tienes la mano,
en saliéndote travieso
¡Zambomba que dieron en huesos!
Juan Valdivia. Osuna-1965

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miércoles, 21 de noviembre de 2007

Mi esposa

foto creación familiar. Las viñas. Osuna




Las viejas tienen manías
y algunas son hermosas
ahora le ha dado a mi esposa
pintar nada menos que a Rosas

Su obsesión es pintar rosas
aunque le salgan desvarías
pero como es tan machacona
seguro que lo conseguiría.

Le gusta las palomas
y sobre todo las blancas
para poderlas pintar
teniendo abierta las alas


©Juan Valdivia


Con éste poema sin terminar (como en los que trabajaba) inauguro qué “A LA ORILLA DE LA ABUELA” que iba a ser la página de escritos de mi madre, desde ahora también es “EL RINCÓN DEL ABUELO”


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sábado, 3 de noviembre de 2007

La herencia y la pena de muerte. Ventura Medina II

foto creación familiar


Ni que decir tiene que si mi madre nació en 1923 y tomando como fecha la de 1904 en que sitúa los acontecimientos arriba reseñados implica que no los vivió en primera persona como bien aclara en el último párrafo cuando escribe: “Decía mi padre que nunca…” por lo que me llevó a calcular posibles errores de fechas, nombres, o circunstancias, así que, basándome en la certeza de la ejecución en Osuna de Ventura Medina, puse manos a la obra; ojeé todo lo que obraba en mi poder, Tiempos de Historia, libros relacionados con la pena de muerte, artículos de periódicos viejos, boletines políticos locales de la época de la transición, documentos en Internet y un largo etc. tropezando con aquella tirada corta de la nueva versión de El Paleto que se llamó 2ª EPOCA –el paleto-. Periódico mensual que comienza a editarse en Diciembre de 1979, cuyo nombre evoca “El paleto” originario impreso en Osuna en la Imprenta de M. Ledesma Vidal en el siglo XIX.

Si de algo tiene que vanagloriarse la humanidad entre tantas beligerancias, ofensivas y guerras fraticidas es (además de otras artes) de la conquista de la escritura.
Bien común sin distinción de bandos, religiones, ni ideologías, y aunque, aún vetada a millones de ciudadanos, el testimonio de nuestras raíces y conflictos se hallan en buena medida recogidos en esos signos que otros alcanzaron a dejar por el mero hecho de compartir, ya fuese su rebeldía, o aceptación del transcurrir de sus días, de sus fechas y sus tiempos que les tocó vivir de la misma forma que ahora hacemos los que vivimos, conformando ese gran puzzle multidisciplinar y sin tiempo como si de un único ser se tratara: La humanidad..

Gracia a estas fuentes tanto podemos conocer que en 90 países aún se sigue aplicando la pena de muerte (3.797 personas ejecutadas en el año 2004 – Amnistía Internacional-), como que Ventura Medina fue ejecutado en Osuna el 1 de Octubre de 1889 en El Lejío. Información recogida ésta última en el 2ª EPOCA – el paleto - Nº 2 Enero 1980, pg 9, donde se homenajeaba al periodista D. Manuel Ledesma Vidal que no pudo ver en vida la abolición de la pena de muerte aprobada por la Constitución Española de 1978.

Homenaje consistente en un artículo en el que Mariano Zamora, además de reproducir literalmente la hoja “OSUNA AL DÍA. NUMERO EXTRAORDINARIO. 1º DE OCUTUBRE DE 1889” (lanzada como señal de repulsa por Ledesma horas después de la ejecución de Ventura Medina), como decía, además nos desgrana Mariano Zamora los espeluznantes métodos y la trayectoria de ejecuciones españolas desde 1600 hasta 1974.

Así mismo el artículo recoge que Ventura Medina Rodríguez fue un posadero de Badolatosa que mató de tres porrazos a un quincallero ambulante que vendía lencería y encajes por los pueblos, que enterró el cadáver en la cuadra, y que Isabel, la mujer que vivía con el posadero, por los ruidos, el ir y venir, el talante de Ventura, la tierra removida de las cuadras y quién sabe qué más, cogió miedo y huyó a la mañana a casa de sus parientes. Siendo en la mañana del 1 de Octubre de 1989 cuando Ventura Medina fue agarrotado en medio de un gentío inmenso.

Los entresijos de la historia, de todas las historias y de nuestro pueblo merecen ser contados, conocidos y transmitidos de generación en generación. Conocimientos que brinda a salir de los cajones si son escritos, o de las memorias si son recuerdos. Lo que hoy nos asusta o reprime mañana cautiva, seduce.

Y como ni puedo ni quiero dejar en el olvido las reflexiones acerca de la pena de muerte que en 1889 D. Manuel Ledesma Vidal nos dejó al pueblo de Osuna para la posteridad, por no extenderme, con este artículo "La herencia y la pena de muerte. Ventura Medina II” paso a dejaros con lo más compasivo del ajusticiamiento, con lo que me acerca a la condición de persona miembro de una humanidad en que los sentimientos priman por encima de las injusticias, o la cordura sobre el rencor, sin que por ello tengan que quedarse impunes los crímenes, si no que más bien, los castigos no entren en conflicoto con nuestra cualidad humana.


EL DIA QUE AJUSTICIARON A VENTURA MEDINA
1 DE Octubre de 1889
No ha habido poder humano que lo impida. Dieron las ocho y la justicia de la tierra, dudamos que conforme con la justicia del cielo, izo cumplir a más fatal de las sentencias.
No han sido oídas las voces de clemencia que han elevado corporaciones y personas respetables; no han bastado sesenta o setenta telegramas exp3didos a los ministros. El desgraciado Ventura Medida ha expiado su horrible delito en afrentoso patíbulo, después de haber preparado su espíritu cristianamente, y resignado al parecer con la muerte que se ha preparado para su materia.
Ventura ha pasado la noche perfectamente. Había tomado algún alimento y durmió cinco horas y media; a las cuatro, aproximadamente, estuvo oyendo misa.
Desde las cinco de la mañana un gentío inmenso se aglomeraba en los alrededores de la cárcel e invadía el paso de las calles limítrofes. El comercio ha cerrado sus establecimientos.
Nosotros, sin perder la esperaza no dejamos de ir y venir del telégrafo a la cárcel y de la cárcel al telégrafo.
Quince minutos faltaban para los ocho; Ventura había subido de un salto al carro y parecía afectar bastante ánimo; en medio de fusiles y rodeado del pueblo se dirigía ya al lugar del suplicio y aún no habíamos perdido las esperazas de que sería indultado; todavía esperábamos recibir la tan deseada noticia. Fuimos por última vez al telégrafo; nuestras fuer4zas desfallecen, lo que supimos fue ¡Que el telégrafo permanecía mudo!.
Por todas las calles afluían al Ejido oleadas de criaturas. La mayor parte abrigaba la esperanza de que, acaso ya el reo en el tablado, llegaría el perdón.

Como a unos cien pasos del patíbulo Ventura divisa a su hija que acaban de traer de Badolatosa para darle el último adiós, como era el deseo de Ventura. Se la acercan y el padre la oprime fuertemente contra el pecho, al mismo tiempo que derramaba una mirada incomprensible en torno de aquel público que rodeaba el carro. Esta mirada fue interpretada por cada cual con arreglo a su criterio. Nosotros creemos que el infortunado padre, arrepentido de los trastornos que acarreó su crimen, pedía indulgencia para su inocente hija que apenas si contará cuatro años.


El carro continúa, faltan dos pasos, las fueras despejan y hacen retroceder a aquella masa de gente que rodeaba el patíbulo; se abre paso… El sacerdote redola sus oraciones y ayuda a ajar a aquel cuerpo inerte, porque Ventura tiene la cara de un cadáver. Los hermanos de la Caridad le rodean, el reo sube las escalerillas. Ya arriba todos oran, el sacerdote se dirige a la multitud y pide perdón en nombre de aquel desgraciado…


El verdugo perara el lúgubre aparato, se cerciora de la impunidad de su obra y cubre el rostro de la víctima… ¡Un eco doloroso arranca de todos los pechos! ¡El férreo tornillo ha girado: ha cortado el hilo de una existencia; la justicia humana acabó de consumar su castigo…
¡Qué pocos tendrán en cuenta el desastroso fin de Ventura Medina Rodríguez!

La fotografía con la que acompaño el artículo es el alegato contra la pena de muerte, escrito por M. Ledesma Vidal y que repartió, hace más de un siglo, por las calles de Osuna mientras que hoy, en el 2007, en los EE.UU. (el país más poderoso de la tierra) se miran el ombligo debatiendo sobre el método más eficaz para matar a los condenados, y hasta sus Cortes Supremas cuestionan si son crueles e inconstitucionales las ejecuciones con la mortal mezcla química. La perplejidad de cientos de mujeres y hombres llega hasta rincones recóndito al descubrir que en ningún momento este debate va encaminado a la abolición de la pena de muerte, más al contrario, lo único que pretenden es afianzarla con ahínco e incluso pretendiendo laurearla con un halo Constitucional centrándose el debate en la sustitución de “la mortal mezcla química” por otro método más eficaz como por ejemplo “la guillotina”. “A la persona se le corta la cabeza y ése es el final” dijo a la CNN el inventor de la inyección letal doctor Jay Chapman.


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lunes, 4 de junio de 2007

La herencia y la pena de muerte. Ventura Medina I

Foto de un condenado
Tiempo de historia nº 74
Ricardo Lorenzo Sanz y Héctor Anabitarte Rivas





La abundante herencia que nos dejó mi madre se cifra en carpetas… ¡qué digo carpetas!... maletas y maletas atestadas de cuadernos de distintas formas y tamaños. Conocimientos y acontecimientos de la familia, vecinos, y de todos los que se rozaron por ella narrado a su estilo. Documentos a puño y letras de una gran carga emotiva anudadas con fervor religioso y momentos históricos.

Es pronto paras leer objetivamente sus letras, intuyo que en éste caso, por lo que me toca, la objetividad la tengo a buen recaudo en la batidora, en el fondo, creo que jamás seré capaz de leerlas con la dosis de distancia que requiere la imparcialidad. De todas formas, me llamó la atención el relato de un acontecimiento impactante que conmocionó a todo el pueblo de Osuna. Este acontecimiento concretamente se recoge en el libro de pastas verde y páginas blancas, en cuya portada cuidadosamente escrita dice:

Recuerdos de toda una vida
Mª de los Ángeles Gómez Cifuentes

Destaco el prólogo, a modo de introducción, escrito a tinta negra por mi hermano Alberto (octavo y último de sus hijos):

Llena este libro, Madre, sin reparos por tu caligrafía, ni por tus faltas, ni porque algunos episodios de tu vida afloren sabores a hiel. Llénalos, Madre, que los que te queremos sólo deseamos leer tus historias, tus anécdotas, tus leyendas…
Como lo vamos a leer con el corazón, nada importa: ni que estén desordenadas, ni que las dejes a medias ni que sean o no totalmente ciertas.

Ve dejando, hoja a hoja, tus recuerdos plasmados en este libro en blanco, para que como una fotografía, nos transporte a lejanos tiempos que ni siquiera hemos vivido.
Háblanos de tus antepasados, de tu niñez, de todo aquello que nos enriquezca y, tal ve, que nos prevenga en los avatares de la vida.
No te dejes nada en el tintero.

Tu hijo:
Alberto

Sin más, paso a transcribir el suceso que no tiene pizca de desperdicio del que sólo he corregido faltas ortográficas, y cuya lectura me ha servido para roer bibliotecas cuyas reflexiones anotaré en otra página porque sé que ella, mi madre, era amante de fechas justas (o aproximaciones), y veracidad histórica.

Sería por el año 1904 en Osuna, estaba llena de gente como no se había conocido nunca.
¿Qué sucedía para que hubiera tal gentío? En le Lejio de Osuna se había levantado un patíbulo, pues iban a ajusticiar a un delincuente.
Se llamaba Ventura Medina y este hombre tenía una posada en el pueblo vecino del Rubio, perteneciente a la jurisdicción de Osuna.

Sucedió que cierta tarde llegó a la posada un hombre con dos hermosos caballos llenos los serones de buenas piezas de paño, y se hospedo en la posada. Ventura tenía mujer joven y una hija pequeña.
De madrugada Carmen despertó sobresaltada, su marido no estaba en la cama. En la habitación donde dormía había una pequeña ventana, sin encender la luz se asomo por ella. Quedó horrorizada: su marido llevaba el cuerpo sin vida del pañero hacia una cuadra que tenían vacía.

Sintió golpes en la tierra haciendo un hoyo para enterrarlo. Muerta de miedo, con el corazón palpitante, sintió que su marido había dejado de dar golpes, se acostó y se hizo la dormida.
¿Carmen, Carmen?, ¡Qué quieres! contestó la mujer,¿Tú no has sentido ruido abajo?, ¡Yo no he sentido nada! ¿porqué?, Nada sigue durmiendo. Y él se acostó con ella.

Por la mañana la mujer hizo el desayuno y cuando creyó que era la hora, cogió el canasto para ir a la plaza. El marido estaba bromista y ella le siguió la broma y le dijo, Dale una vuelta a la niña qué está dormida.

El marido se quedó en la puerta viéndola marcharse, pero cuando ella volvió la esquina corría al cuartel de la Guardia Civil.

Llegaron tres civiles fusiles en mano y Ventura les dijo, ¿Qué traéis de bueno por esta casa?, los civiles lo encañonaron y le dijeron, ¡Cava en la cuadra!, cuando llevaba un rato dijo Ventura, todos los trabajos merecen un cigarrillo, le apuntaron muy serio, Siga cavando o le damos un tiro.
A poco salió el cadáver.
Lo trajeron preso y el juez lo condeno a la horca.

Decía mi padre que nunca se había conocido en Osuna más gentes con coches de caballos y toda clase de vehículos, los trenes llenos hasta los topes para ver ajusticiar a Ventura Medina.

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