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lunes, 2 de febrero de 2009

Reflexiones literarias-cómo continuar después de aparcar un trabajo a medias.



Para los que escribimos, no siempre que andamos en faena la producción cunde como se quisiera, miles de obstáculos y circunstancias irremediablemente nos abocan a aparcar, (contra nuestra voluntad) la tarea, siendo, cuando volvemos a retomarla, un momento tan crucial y decisivo, que más de una vez nos sumerge en esa incertidumbre de ¿Cómo continuar? ¿Cuál palabra o párrafo encaja, suficientemente mágico, tanto para el que escribe, como para el lector?
La experiencia me ha enseñado que, lo que escribimos disfrutando y de corrido, mantiene al lector interesado, inquieto por avanzar en la lectura, tal vez por que esos párrafos más inconscientes emanan de una profundidad extraña (soy de las que piensan que, al margen del subconsciente de cada individuo, también exististe un subconsciente colectivo por el que nos hallamos conectados la humanidad, un subconsciente colectivo sin espacio ni tiempo donde los deseos y las ansias profundas del ser humano se remontan a nuestros ancestros y heredarán las generaciones futuras como eslabones de una cadena latente de dudas, alegrías, aflicciones crueldades, fantasías…) Pero, ¿cómo, después de unos días sin escribir, lograr el mismo ritmo, el mismo ánimo del personaje avanzando en la historia?

Por muy aséptico u objetivos que pretendamos ser los escritores, ¿quién me dice que no volcamos parte de nuestras experiencias, sentimientos, estados de ánimos de un momento dado, o simplemente esa conversación que nos ha impactado?

Nosotros, también evolucionamos no siendo mañana los mismos que hoy, por lo que si a eso le sumamos, que por circunstancias, un determinado trabajo se ha quedado aparcado unos días (aunque no hayamos dejado de escribir en cualquier otra cosa) cuando retomamos el trabajo aparcado lo primero que se nos plantea es volver a ubicarnos.
Es cierto que por mi parte, en caso de relatos largos o novela como ahora, la historia de los personajes está clara en la cabeza o sinopsis, pero:

¿Qué hago para continuar encuadrando la complejidad de su avance conjuntamente con el tono inicial?
¿Cómo hacer una escritura fluida que conecte con el conjunto de la novela y por ende del lector?
Particularmente:

1) Acudo a la sinopsis, y repaso los acontecimientos que deseaba que fueran incluidos en el capitulo que estaba escribiendo:

* Rememoro los tachados --porque ya los tenía incluidos—
* Calculo los pendientes --que los tengo sin tachar—

2) Me sitúo en la vida de los personajes -haciendo una lectura rápida de lo escrito en el capitulo-
3) Imprimo las dos últimas páginas de lo escrito en el capitulo.
4) Por último, copio la última página y continuo escribiendo fluido, forzándo a no pararme a corregir nada.
Es un borrador. ¿Correcciones? ¡Ya le tocará su tiempo a la poda!

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jueves, 25 de septiembre de 2008

El monumento, mi Chofar, y...mis retrasos

Sevilla 2008.foto creación familiar.

Autobús, Sevilla, rebullir de gentes, Prado San Sebastián, Tranvía… De nuevo el ir y venir periódico, días exactos y recurrentes. Las prisas… Café en casa temprano (no hay tiempo de teé) para luego, andando por Tetuán:

- ¿Cierro el blog?, avisando a mis amigos y lectores, claro. No sé. No puedo dejar tanto tiempo sin actualizar y comunicarme con ellos. Pero me urge la novela. Ya es que estoy en ese estado catártico que no alcanzo. No hay duda, es un agujero que todo se lo traga. Pensamientos, tiempo, ideas, escenarios, reflexiones, nombres, claves, correlación, eslabones… ¡Uf! 10 minutos para las 11 ¿A ver quién dice qué el tiempo no se rige de forma diferente frente al teclado? De todas maneras desde aquí, La Campana, hasta la calle Imagen me sobran tres minutos. ¡Pero bueno… Después de dos meses sin venir por la Escuela de Escritores y… ahí está como una institución! ¡Míralo! ¡Con su risa blanca pintada y su gran nariz redonda al lado de Bellas Artes! ¡Ya ni me acordaba! ¿Lo inmortalizo en una foto? Pues sí. Éste hombre se merece un monumento. ¡Ponerse todos los días su inmensa sonrisa de payaso con la que enfrentarse al mundo…! ¿Quién dice que no me inquietará el día que no le vea? Ya está. No creo que le siente mal. Los indios decían de las fotos algo así como que le robaban el espíritu. Quizás haya algo de verdad al eternizar la impronta.

Entro en clase. Termina clase. 1 del medio día. Al salir, mi compi, Maria Ruiz, me dice que lee Rengloneando Libretas, que la encontró por casualidad (caprichos de Internet). Despedida. Plaza Nueva. Tranvía. Prado San Sebastián, rebullir de gentes. Autobús Linesur de vuelta a casa:

- No sé. ¿Cierro el blog por dos meses…? Si ha sido creado y lanzado para ser encontrado sin avisar a nadie, sin dar la dirección a nadie ecepto a hermanos e hijos y ya llega a tantísima gente, si los lectores, amigos, relaciones sociales, son una de las mejores riqueza espiritual y recíprocas que me aporta… No se. Tal vez una hebra de sinceridad confesando mis incertidumbres, solicitar un poco de paciencia si me retraso en las entradas y pedir perdón a mis lectores que se que esperan impacientes, muchos de ellos, las Reflexiones literarias o algunos cuentos de El Cuerno del Unicornio ¿Será sufriente?
Las 2,30 pm. Resoplan ruedas de autobús anunciando la frenada. Antes de bajar:

- ¿Pilar? ¡Mi chofar! ¿Una fotito?
-
Sonríe. Pienso en ustedes: Espero después compénsar con creces mis retrasos .
..........................................................foto creación familiar. 2008. Pilar Linesur
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viernes, 5 de septiembre de 2008

Reflexiones literarias. ¿Por qué esa lucha entre el personaje emergente y su creador?

Sevilla.2008.Foto creación familiar

El problema más acuciante con el que nos enfrentamos cuando escribimos es sentir que nosotros creamos un personaje a nuestro gusto y antojo al que dotamos con cualidades, avatares y circunstancias, es decir, creemos que está a merced de lo que se nos antoja, pero ¿nos estaremos equivocando?

En pleno proceso creativo me doy cuenta que es el personaje quien me arrastra, quien me lleva a su terreno, a su vida, a sus cualidades íntimas y secretos que quiere mostrarme a toda costa ¿No será una forma de despistarme? ¿De alejarme de mí objetivo? ¿Hasta cuando he de dejarlo suelto con sus correrías y su descubrimiento de que vive? ¿Se crea el personaje a sí mismo alejándose del creador, o el creador ha de ponerle cotas y delimitaciones para que no se pierda en la jungla infinita de posibilidades y se ciña al papel para el que ha sido credo?

Cuestión aparte es el que he venido a llamar “El archivo indefinido” (algún día hablaré más extensamente de él) pero que a grandes rasgos consiste en, a base de excusas, enredarte poco a poco yéndosete el tiempo, unas veces en busca de documentación caracterizando a tus personajes en exceso, otras, de entre tantas, pretendiendo hacer una relación de pecados, nombres, cualidades, virtudes… (cosa nada mal siempre que sea fuera del tiempo destinado al trabajo puro y duro de tu novela, relato, poesía… o en el que estés inmerso), porque si no, te encuentras que un día, no demasiado tarde, estás buscando el nombre de una calle en el plano de una ciudad para conocer las calles colindantes y los edificios que irán en el escenario donde vive tu personaje, y sin saber cómo terminas enfrascado en una lección de grafología o escudriñando el nombre de las constelaciones, no sin antes haber pasado por buscar en el diccionario el significado de los nombres de las calles, o investigado quiénes fueron (con sus correspondientes biografía) los personajes que ahora las nombran.

Pero a veces, la duda con la que solemos encontrarnos cuando tenemos demasiado claro lo que queremos contar es: ¿Está tan claro que temo no poder mostrar a los ojos de otros el alcance de lo que quiero contar, transmitir, enseñar…? Y cuando digo enseñar me refiero no desde un punto de vista didáctico, si no de visualización, de imagen, de fotografía, temiendo no poder enseñar a los ojos de los demás, dentro de las imágenes de las escenas determinadas, ese mensaje profundo que van conformando la narración y que provoque interrogantes, dudas, incertidumbres, y reflexiones en el lector.

Cierto que en el fondo, nunca lo sabemos cuando estamos en pleno proceso creativo, de ahí el corregir, una y mil veces más el texto, introduciéndonos tan dentro, que pretendemos adivinar las mil formas en que lo van a interpretar los dos mil ojos que puedan leerlo.

Y es que imbuida ya en ese proceso de interiorización y cración he hecho un alto, tenía ganas de hablar un poco con vosotros, compartir experiencias, relajarme un pelín, lo suficiente para reflexionar juntos y poner algo de orden a este galimatías antes de que se desborde.

Y como una pregunta con otra pregunta se responde, pues a seguir, que es lo que ya toca:
¿Adónde quiere ir a parar el personaje?
¿Cuáles son sus sueños?
¿Quién o qué se lo impide?
¿Por qué?
¿Cómo?...
¿Y los míos? ¿Cuáles son mis sueños? ...


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viernes, 22 de agosto de 2008

Confesiones

foto creación familiar.Osuna.07/2008


Cuatro pelos y una joroba, un soltar los dedos como salen, sandalias y algo televisivo mientras el ventilador gira frenético a las cuatro y media de la tarde. ¡No señor! Por supuesto que no, le diría a aquel joven encumbrado a la barra del bar. Aquellas no eran horas de cervezas ni chácharas, mucho menos de vinos. Más bien de algo refrescante y dormir el sueño de las lagartijas, porque para él que estaba levantado desde las seis de la mañana, cierto era que algún delicioso batido de chufas tomado en penumbras, o tal vez una limonada, o un té servido bien frió, pudiesen ser motivos para confesiones o soltar la lengua en un limbo impreciso propio del calor de aquella tarde. Luego pensó ¿Y por qué no voy a aceptar la invitación de éste periodista cuando en realidad nadie me espera en casa?

Por supuesto, el tabernero colocaría en el fondo del vaso esas hojas de hierbabuena que tanto le gustaban. Frescas, rutilantes y verdes. De un verde intenso, preámbulo de paladares exquisitos y delicadezas ocultas ante el conocimiento mentolado.

¿Qué añadirán antes, el te, o la hierbabuena?, se preguntaría Don Ramiro Raimundo en un alarde de intimidad.

Sucedáneo de momentos, realidades; los años se le habían convertido en sucedáneo de momentos reales ¿De lo auténtico…? Sólo las palabras encerraban esencias, mensajes, contenidos, el alma capturada… “¡Te con hierbabuena!…”- exclamó.

Y al igual que el vocablo “limonada” archivaba jugos de limón con la consiguiente textura, agua fresca, color, y su porción de azúcar, pero que al beberla descubría en ella aquella maquiavélica falsificación elaborada con la química expedida en los estantes de supermercados del siglo XXI, una química turbia e insultante en botellitas de plástico cuya única autenticidad era su nombre: “jugo de limón”; de la misma forma presentía en la palabra preservado el contenido: olor, tradición, paladar, sentimientos, y alguna que otra ráfaga coloreada gravitando en el recuerdo.

“La palabra escrita, cuando es la exacta, - tembló Ramiro acostando el cayado sobre el mostrador- es una quimera, joven. Una química que se te mete por la rendija del cerebro y los estantes de la memoria para revivida, arrancar lo mejor o lo peor que almacenamos en lo más hondo, trayendo lo intenso y reluciente a la superficie. Y ahora, tú, periodista medio comiducho y vanidoso quieres confesiones a estas horas calurosas tras tu vaso de cerveza y tu aliento fastidioso. Confesiones escondidas en mis uñas quemadas de tabaco y mis dedos amarillentos como un estigma de hombría marchita cuyos rescoldos añejos abrigan caricias y una mujer en cada surco de mi rostro. Confesiones para llenar tus páginas de letras con historias de otros tiempos, de otras gentes en la misma calle, en la misma casa con las mismas puertas.

Habitaciones, fantasmas eternos confluyendo como un todo mágico, encuentros de presentes donde la ausencia nos llena los recuerdos formando parte de un futuro incierto, que en el fondo, tu y yo arrastramos como un deseo eterno: superación de ser, hambres de conocimientos. Lucha y victoria como demandas de una vida persiguiendo ser amados.

No, ya no hay confesión, joven. Lo hecho, lo pasado y lo venidero, siempre está confluyendo. Un poco así, joven. A lo loco. Como tú y yo ahora. En este bar y a esta hora, con tus cuatro pelos y mi joroba.

Sacado de mi libro "El cuerno del Unicornio"


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lunes, 14 de abril de 2008

Siguiendo con EL TONO (Raimundo de Miguel)-Reflexiones literarias

foto creación familiar




En el artículo anterior del tono e la etiqueta Reflexiones Literarias expuse dudas que asaltan a escritores primerizos, sin dejar por ello de ser espada de batalla de los veteranos.
Hoy, simplemente me atrevo a transcribir para que aprendamos todos lo que dice Raimundo de Miguel en su libro Retórica y Poética de 1911 acerca del Tono:

Es muy común el confundir las palabras estilo y tono con relación á las obras literarias, siendo así que difieren notablemente. Ya hemos visto que el estilo es el resultado de las cualidades dominantes en el lenguaje, en los pensamientos, en sus formas, en la coordinación de las cláusulas, etc.: tono “es el diverso grado de elevación que presenta el estilo según la intención y situación moral del que habla”. Así, decimos tono acre, mordad, sarcástico, irónico, profético, magistral, decisivo, etc., cuando por el modo de decir descubrimos que el espíritu del escritor está como dominado de alguna de las ideas envueltas en ese mismo nombre. Decimos igualmente tono épico, lírico, prosaico, etcétera, con relación á las obras cuyo carácter remeda en cierto modo con su mayor ó menor elevación.

Ningún tono es malo en sí mismo, aunque tal vez se halle empleado inoportunamente; y, sin embargo, puede serlo el estilo, como de hecho lo es cuando le faltan las buenas cualidades que debe reunir. Puede, por ejemplo, escribirse una obra en tono satírico y ser bueno el matiz de la sátira, adoleciendo el estilo de dureza, incorrección, redundancia, ó cualquiera otro vicio.
Por último, al tono, como resultado de diferentes principios, no pueden convenirle con propiedad todas las denominaciones que damos al estilo, ni por el contrario á éste todas las que damos al tono. Diríamos mal: tono florido, nervioso, embrollado, ete.; estilo magistral, persuasivo, sarcástico, etc. Y si hay epítetos que igualmente pueden aplicarse al estilo y al tono, son aquellos que no nacen precisamente de las cualidades relativas al genio y á las reglas de la lengua.
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lunes, 31 de marzo de 2008

En busca del TONO

foto internet
El tono, ese gran cautiverio del escritor, empuja al lector a leer devorando letras impacientemente hacia delante. Si el texto tiene tono, trate de lo que trate, cautiva y engancha al lector irremediablemente sin importar lo que se cuenta si no cómo se cuenta. Pero
¿Qué dicen los entendidos del Tono?

En la escuela de escritores comentaban que cada personaje y en cada parte de la historia ha de tener su tono, una cosa es que no intervenga, pero sí tiene su tono.
El tono es donde más disfruta el escritor. Es en el tono, cuando vas describiendo una escena o un paisaje (por ejemplo), donde salta o rechina cuando una palabra no encaja en el relato.

Quizás pelease contra molinos abstractos, fuera torpe de entendederas o tuviese que materializar y entender muy clarito conceptos que de siempre me habían traído de cabeza, así que, decidí dejar claro para siempre ese ambiguo enigma del escritor, por persecutorio e inalcanzable a veces, y me puse manos a la obra en busca de definiciones concisas para intentar rematarlas con una palabra, una sola palabra que al leerla, se me viniese a la cabeza todo el concepto y todo lo que significaba el tono, con la intención de transcribir la muletilla que me fuesen más útiles.

Raimundo de Migue (Retórica y Poética 1911) distinguía estilo y tono diciendo que el estilo es el resultado de las cualidades dominantes en el lenguaje, en los pensamientos, en sus formas, en la coordinación de las cláusulas, etc. En cambio, continuaba diciendo:
el tono es: el distinto grado de
elevación que presenta el estilo, según la intención y situación moral del que habla. Para él, para Raimundo de Miguel, decimos así tono acre, mordaz, sarcástico, irónico, profético, magistral, decisivo, etc, cuando por el modo de decir descubrimos que el espíritu del escritor está como dominado de alguna de las ideas envueltas en esos mismos nombres. También dice Raimundo de Miguel que igualmente decimos tono épico, lírico, prosaico, etc, con relación á a las obras cuyo carácter remeda en cierto modo con su mayor o menor elevación.

Ante ésta definición, que de todas las leídas me aclaraba bastante el asunto, me fui al Diccionario Enciclopédico Abreviado de Espasa Calpe y aumentó mi entusiasmo al sumar dos definiciones (de tantas) altamente esclarecedoras para mí:

1) Tono es la inflexión de la voz y modo partícula de decir una cosa según la intención o el estado de ánimo del que hable.
2) Carácter o modo particular de la expresión y del estilo de una obra literaria, según el asunto que trata o el estado de ánimo que pretende reflejar.

Como pude observar la cosa ya iba tomando cuerpo y entendederas pero el remate llegó al descubrir en el Diccionario de María Moüliner entre sus ricas definiciones eso de “musiquilla y sonsonete”.

¿Ya podía darme por satisfecha?
Tenía una definición, dos contrapuntos y dos palabras englobadoras cargadas de significado que por supuesto llenaban ese resquicio confuso de mi pensamiento, pero algo dentro de mí, de mi forma de ver la literatura quedaba incompleto por lo que culmine en busca de una sola palabra que definiera el tono en el Breve Diccionario Etimológico de Joan Corominas que me ha regalado el amigo de mi hija, donde se califica como Tono a: La tensión de una cuerda.

¿Necesitaba buscar más?

Creo que vosotros tampoco.
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martes, 18 de marzo de 2008

Aprendiendo de los grandes. Germinal. Emilio Zola

fito creación familiar
Este fragmento conmovedor de la novela Germinal de Emilio Zola se desarrolla en el interior de una mina derrumbada mientras esperan ser rescatados después de nueve días de resistencia.
- Debe hacer buen tiempo fuera.Ven, salgamos
Étienne luchó al principio contra aquella demencia. Pero el contagio también alteraba su cabeza, más sólida, perdiendo incluso la sensación de lo real. Todos sus sentimientos se alteraban, sobre todo los de Catherine, agitada por la fiebre, atormentada ahora por una necesidad de palabras y de gestos. Los zumbidos de los oídos se habían vuelto murmullos de agua corriente, cantos de pájaros; y olía un violento perfume de hierbas aplastadas, y veía con toda claridad, grandes manchas amarillas volaban delante de sus ojos, tan anchas que se crecía fuera, junto al canal, en los trigales, en un día de hermoso sol.
- ¡Mira, hace calor!... Cógeme y sigamos juntos siempre, siempre.
Él la abrazaba y ella se abrigaba contra él largo rato mientras seguía su parloteo de muchacha feliz:
- ¡Qué tontos hemos sido por esperar tanto tiempo! Nada más conocerte ya quise estar a tu lado, pero tú no comprendiste, te enfadaste… Luego, ¿te acuerdas?, en casa, de noche cuando comíamos, olfateando el aire para escucharnos respirar, con unas ganas inmensas de abrazarnos.
Étienne se sintió ganado por aquella alegría y bromeó con los recuerdos de su muda ternura.
- Una vez me pegaste, sí, sí, unos cachetes en las mejillas.
- Es que te amaba –murmuró ella-. Mira, intentaba no pensar en ti, me decía que todo estaba acabado; y, en el fondo, sabía que un día u otro estaríamos juntos… Sólo se necesitaba una ocasión, alguna oportunidad feliz, ¿verdad?
A él lo recorrió un estremecimiento, quiso sacudirse aquel sueño, y repitió lentamente:
- Nada está nunca acabado, basta un poco de felicidad para que todo vuelva a empezar. Entonces, ¿te quedas conmigo? ¿Esta vez es de verdad?
Y, desfallecida, se escurrió. Estaba tan débil que su voz ensordecida se apagaba. Asustado, la había retenido sobre el corazón.
- ¿Sufres?
- No, no mucho… ¿Por qué?
Pero aquella pregunta la había despertado de su sueño. Miró enloquecida las tinieblas y se retorció las manos en una nueva crisis de sollozos.
- ¡Dios mío, Dios, mío! ¡Qué oscuro está!
Ya no había ni trigales, ni olor a hierbas, ni canto de alondras, ni gran sol amarillo; aquello era la mina derrumbada, inundada, la noche hedionda, el goteo fúnebre de aquella caverna donde agonizaban desde hacia tantos días. La perversión de sus sentidos aumentaba ahora el horror, y se sentía dominada por las supersticiones de la infancia, vio al Hombre Negro, el viejo minero difunto que volvía al pozo a retorcer el cuello a las chicas malas.
- Escucha, ¿has oído?
- No, no oigo nada.
- Sí, el Hombre, ¿sabes?...¡Mira, ahí está! La tierra ha soltado toda la sangre de la vena para vengarse porque le habían cortado una arteria; y él está ahí, míralo, mira, más negro que la noche… Ah, tengo miedo, tengo miedo
Se calló tiritando. Luego, continuó en voz baja:
- No, es el otro.
- ¿Qué otro?
- El que está con nosotros, el que ya no vive.
La imagen de Chaval la acosaba, y ella hablaba de él confusamente, volvía a contar su existencia de perro, el único día que se había mostrado amable, en Jean-Bart, los demás días de tonterías y bofetadas, cuando la mataba a caricias después de haberla apaleado.
- Te repito que viene, que va a impedirnos que estemos juntos… Sus celos se apoderan de él otra vez… ¡Oh, échale! ¡Tenme a tu lado, guárdame entera!
Y en un arrebato, se había colgado de su cuello, buscando su boca que besó apasionadamente. Las tinieblas se aclararon, volvió a ver el sol y encontró una risa tranquila de enamorada. Él, estremecido por sentirla así contra su carne, semidesnuda bajo la chaqueta y los pantalones hechos jirones, la tomó en un despertar de virilidad. Y entonces se produjo su noche de bodas, en el fondo de aquella tumba, sobre aquel lecho de barro, la necesidad de no morir antes de haber alcanzado su felicidad, la obstinada necesidad de vivir, de hacer vida una última vez. Y se amaron en la desesperación de todo, en la muerte
Luego, no hubo ya nada. Étienne estaba sentado en el suelo, siempre en el mismo rincón, y tenía a Catherine sobre las rodillas, tumbada e inmóvil. Siguieron pasando las horas. Él creyó durante mucho tiempo que ella dormía; luego, la tocó, estaba muy fría, estaba muerta. Sin embargo, él no se movía por miedo a despertarla. La idea de que era el primero en poseerla, y que podía estar embarazada, lo enternecía. Otras ideas, el deseo de irse con ella, la alegría de lo que, juntos, harían más tarde, volvían por momentos, pero tan vagas que parecía apenas rozar su frente como el soplo mismo del sueño.





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viernes, 14 de marzo de 2008

Tu centinela literario y la luz del tunel

Escultura Francisco Valdivia.2007


Si para los matemáticos la resolución de problemas incentiva su cerebro, sin manos calientes, lectura y diccionario el escritor termina perdido, de forma que lo que a unos les parece atraso por el tiempo empleado en esas cuestiones a los que nos dedicamos de llenos a este oficio nos resulta altamente despertador de los sentidos.

Todo trabajo, cuando es de envergadura, ¿no requiere de estructura, organización y proyecto? ¿Porqué las buenas costureras cortan patrones y los arquitectos hacen maquetas? ¿Qué escultor o pintor no genera unos mínimos bocetos antes de iniciar su cuadro o escultura? ¿Sería razonable saltar olímpicamente estos pasos si pretendemos hacer algo tan amplio como la novela?

Muchos, a base de tropiezos, a medida que escribíamos íbamos descubriendo que teníamos que ajustar fechas de nacimiento, parentesco o escenarios por la necesidad de que en nuestros relatos concordaran elementos verosímiles y sin errores tan flagrantes como que padre e hijo tuvieses edades semejantes, o que el canto de los pájaros se escuchase junto al rumor de un riachuelo cuando decíamos que nuestro personaje estaba en el inhóspito desierto. Fallos que en un relato corto de 10 o 20 páginas fácilmente detectamos no ya por la infinidad de veces que leemos el texto si no por el contexto cerrado de una historia contada en escasos folios, pero si extrapolamos este asunto a un tocho de 100 folios para arriba, la cosa se complica sin organización previa.

Cierto que la idea se tiene en la cabeza como un centinela que nos acecha, cierto que hasta escribimos apuntes de cosas que nos interesan y queremos que salgan, o palabras, o ideas que se nos vienen a la cabeza en el bar, tal vez en el supermercado, y las escribimos en cualquier servilleta de papel o el reverso de la compra, pero también es cierto que si pensamos en organizar, materializar esa idea que nos ronda ampliándola hasta una novela, el barullo de pensamientos nos desconcierta abrumándonos sin saber por donde empezar, por lo que se opta por dejarlo al azar y comenzamos a escribir ilusionados con las esperanzas puesta en que tenemos las cosas claras.
Portugal. Lisboa.2007
¡Qué error más grande! ¿Cuantas comienzos de novelas has dejado olvidados en los cajones? ¿Cuantas veces, al retomarla, has visto que algo le falta, qué tiene personajes hasta el infinito, o por otra parte, no tienes ni idea de cómo seguir porque se aleja completamente de lo que pretendías contar?


El trabajo sordo, sin reconocimiento, laborioso, frío y aparentemente sin recompensa de un esquema, es más necesario para la novela que, qué tu personaje sea rubio o moreno, alto o bajo, guapo o feo, porque del esquema, del conocimiento que tengamos de nuestros personajes, de su forma de ser, oler, hablar, reír, ilusiones y desdichas, todo esto orientado al propio conflicto interno de la novela, harán vibrar vivo a nuestro personaje, nosotros lo sentiremos vivo, el lector vivirá con él sus dichas y desdichas en un universo real, dentro de un contexto tiempo- espacio-acontecimientos, porque así lo hemos creado no sólo en el esquema, si no en un argumento cuidadosamente trabajado brillando siempre la luz al final del túnel.

No dejemos al azar el devenir de nuestra novela, la lotería no siempre toca.

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martes, 13 de noviembre de 2007

¿Escritura o psicoanálisis?

El Puerto de Santa María. foto familiar

Todos los escritores tenemos nuestros fobias, tabúes que arrastramos como astillas desprendidas del propio hueso, esquirlas de lo innombrable, del sentimiento oculto que da pánico hasta plasmarlo hipotéticamente en algún rincón de nuestra novela, nuestro relato, o nuestro ensayo.

Pues bien, por más vuelta que doy en el proyecto de mi novela termino volviendo al mismo sitio, a ese lugar donde una pareja se rompe bien por que el amor ha concluido, por desidia, por otro enamoramiento, o por cualquier causa o motivo dentro de los límites ajenos al mal trato o cualquier acto de violencia. Ni por un segundo me viene otra ocurrencia siendo la necesidad del guión, o de los personajes, el plantarlos frente a frente en increchendo coloquio comedido que deseboquen en esa lucha encarnizada por la defensa del territorio, status, o calma emocional, un territorio y objetivo que por arte del azar, circunstancias e ilusiones, ya no cabalgan juntos hacia la misma dirección que los de su pareja ni comulgan los mismos objetivos.

Cuando me sumerjo con la caterva de las letras en situaciones y personajes, en escenarios y victorias, afloran los vencidos con tantas fuerzas o más que en la vida misma de tal manera que escritura y psicoanálisis confluyen en la escritora llegando al extremo de quedar paralizada, riesgo que ni por asomo estoy dispuesta a que entorpezcan la fluidez ni la verosimilitud de mi texto.

¿Quién dijo que sería fácil enjaretar los hilos de unas vidas tanto si son imaginarios como si pertenecen a la realidad?

Las dificultades son fruto del propio conflicto al que nos enfrentamos día a día solventándolos de la forma más acertada y ventajosa para nuestras conciencias, pero de la misma forma que los apuros del escritor estriban en esa lucha contra sus turbaciones, si nos amilanamos ante astillas penetrantes corremos el peligro de perdernos.


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martes, 14 de agosto de 2007

Distinguiendo Teoría de la Práctica (reflexiones literarias)



Al margen de las visitas obligadas a “Hipálage”, páginas editoriales, y de concursos literarios, recibo puntualmente en mi buzón el alimento de Premura, Avión de Papel, Mixmaill, Torremozas, y Libros en Red, amén de otras revistas ecológicas, de ocio, comercio, o cualquiera otra que se distribuyen por este entramado psicosocial. Sólo una exigencia para los boletines (no literarios) que intentan seducirnos: aprender de su enganche.

Esto viene a colación de las dos últimas revistas recibidas de Editorial Premura y Libros en Red, en las que hacen referencia (como tantas veces) a la importancia de la primera página o las primeras líneas ya sea cuento, relato, o novela. Y he de decir en honor a la verdad, que esas primeras letras son tan importantes para el lector como para el escritor, porque son las que van a determinar en nosotros una escritura de corrido, una escritura sosegada y poética, o una escritura vulgarmente calificada como “a empujones”.

Nos gusta enganchar. Los que optamos por el mundo de las letras necesitamos lectores activos y críticos. Alguien dijo que un libro no está terminado mientras no haya sido leído, pero ¿cómo puede leerse un libro?

Por supuesto, premisa indispensable es que tus letras alcancen el clímax que lleven a producir ese efecto del enganche, y otra “ser publicado”. Vamos, algo así como ¿Qué fue antes el huevo o la gallina?

Hoy por hoy, los avances de la técnica y la implantación de intenet se encargan de cumplir el deseo de ser leídos. El crecimiento de los blog parece confirmarlo; es tan amplia la gama como profesiones, ideologías, y particularidades humanas. Eso no quita que dejemos de esmerarnos a la hora de plasmar nuestra impronta como si de la editorial más real se tratara, no en vano es el único medio de publicación para muchos de nosotros al mismo tiempo que leemos lo que producen otros escritores en situación semejante.

Y llenamos “Favoritos” de listas interminables de direcciones porque consideramos buenas sus letras o guardan cierta similitud con las nuestras, lista destinada (por cuestión de tiempo) a no consultarse asiduamente, y hasta, como en un corte de baraja, tenemos la osadía de escribir en Google “trabajo para escritores”, o eso otro de “editorial busca escritor”

Pero si hay algo en todo este galimatías que más me queda claro es no desfallecer, distinguiendo la teoría, de la práctica.

¿Quién no se ha llenado de teorías cayendo en la parálisis?

Los escritores no nacemos, nos hacemos. Prácticas. Boli y papel o teclas inseparables y diarias con una buena dosis de lectura. Mientras más leemos y escribimos el potencial creativo emerge de la misma forma qué al hacer una comida se me antoja agregar o quitar un condimento, o qué cuando hice reformas en mi cochera (donde trabajo), imaginé los estantes y sus dimensiones como si ya estuviesen hechos a la medida.

En cuanto a publicar... Dicen que sin una novela no hay editor que te publique. Prestigio literario al que ni por asomo restaría valor, pero los tiempos que corren donde la turbulencia se convierte en fechas de caducidad inminente a favor de la nueva hora, los continuos desplazamientos a puestos de trabajo lejanos, la incursión de la mujer en el mundo laboral incrementando su jornada con las horas domésticas etc., creo que implican una merma considerable de tiempo destinado al enriquecimiento personal, hasta por experiencia sé que cientos de periódicos y libros han sido leídos en los Walter de toda España sin que esto quiera decir que eran menos gratificante, sino que su lectura amena y corta les permitieron terminar los relato de Monterroso, Jorge Bucay, Kjell Askildsen, Julio Cortaza, … sin contar las innumerables poesías, por lo que juraría que son menos los que se ha atrevido con la novela mientras terminaban sus menesteres.

Llegado a este punto te preguntarás ¿A qué viene esto?

Simplemente un análisis escueto del mercado para seguir en la misma línea reafirmándome en que los libros de relatos cortos tienen sus lectores. Preferencias de un público escaso de tiempo qué anteponen leer en el Water a no leer, qué antepone terminar su lectura a continuarla en otro momento. Género en el que encuadraría por ejemplo mis libros El Cuerno del Unicornio, A la sombra de los días, Desde detrás de las Gafas, Notas para un anuario (ensayos cortos), porque:
¿Quién me dice que, un día no habrá quién demande mis manuscritos?



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viernes, 16 de marzo de 2007

Aprendiéndo de Gabriel García Márquez

foto creación familiar





Lecciones, lecciones, lecciones como puños hciéndome reflexionar que en este oficio no son pocas las dificultades y menos las victoria, porque a medida que te sumerjes en el claqueteo del teclado nadie esta libre de imprevistos, sudores, e impedimentos, llegando hasta a sumerjirte en miles de primeras líneasas que detenienen tu avance, o la tan fastídica mecánica que nos hace dependiente del ordenador y que, en menos que canta un gallo, te deja en cueros vivos y con esa impúdica impotencia del trabajo irrecuperable.
No sé si conoceis éstas letrtas de Gabriel García Marquez que hoy han llegado a mis manos y os transcribiré un poco más abajo, letras que me han refrescado haciéndome sentir que no soy bicho raro, porque si prodigiosas plumas pasan por atolladeros, ésta que os escribe y que vá de cerro en cerro, raramente no se despeña por ese acantilado de la duda llegando a confundir hasta el significado de las palabras.

Sin más, os sirvo éste condumio literário, y disfrutad como yo he disfrutado, rebañando hasta el plato sin dejar ni un ápice de esta esquicitez de García Marquez:


Me preguntan con frecuencia qué es lo que me hace más falta en la vida, y siempre contesto la verdad: "Un escritor". El chiste no es tan bobo como parece. Si alguna vez me encontrara con el compromiso ineludible de escribir un cuento de quince cuartillas para esta noche, acudiría a mis incontables notas atrasadas y estoy seguro de que llegaría a tiempo a la imprenta. Tal vez sería un cuento muy malo, pero el compromiso quedaría cumplido, que al fin y al cabo es lo único que he querido decir con este ejemplo de pesadilla. En cambio, no sería capaz de escribir un telegrama de felicitación ni una carta de pésame sin reventarme el hígado durante una semana. Para estos deberes indeseables, como para tantos otros de la vida social, la mayoría de los escritores que conozco quisieron apelar a los buenos oficios de otros escritores. Una buena prueba del sentido casi bárbaro del honor profesional lo es sin duda la nota que escribía todas las semanas. Esta servidumbre me la impuse porque sentía que entre una novela y otra me quedaba mucho tiempo sin escribir, y poco a poco como los peloteros iba perdiendo la calentura del brazo. Más tarde, esa decisión artesanal se convirtió en un compromiso con los lectores, y hoy es un laberinto de espejos del cual no consigo salir. La primera vez que lo decidí fue cuando traté de escribir la primera, después de más de veinte años de no hacerlo, y necesité una semana de galeote para terminarla. La segunda vez fue hace más de un año, cuando pasaba unos días de descanso con el general Omar Torrijos en la base militar de Farallón, y estaba el día tan diáfano y tan pacífico el océano que daban más ganas de navegar que de escribir. "Le mando un telegrama al director diciendo que hoy no hay nota, y ya está", pensé, con un suspiro de alivio. Pero no pude almorzar por el peso de la mala conciencia y, a las seis de la tarde me encerré en el cuarto, escribí en una hora y media lo primero que se me ocurrió y le entregué la nota a un edecán del general Torrijos para que la enviara por telex a Bogotá, con el ruego de que la mandaran desde allí a Madrid y a México. Solo al día siguiente supe que el general Torrijos había tenido que ordenar el envío en un avión militar desde el aeropuerto de Panamá, y desde allí, en helicóptero, al palacio presidencial, desde donde me hicieron el favor de distribuir el texto por algún canal oficial.

ESCRIBO LA NOVELA TODOS LOS DIAS

La última vez, hace ahora seis meses, cuando descubrí al despertar que ya tenía madura en el corazón la novela de amor que tanto había anhelado escribir desde hacía tantos años, y que no tenía otra alternativa que no escribirla nunca o sumergirme en ella de inmediato y de tiempo completo. Sin embargo, a la hora de la verdad, no tuve suficientes riñones para renunciar a mi cautiverio semanal, y por primera vez estoy haciendo algo que siempre me pareció imposible: escribo la novela todos los días, letra por letra, con la misma paciencia, y ojalá que con la misma suerte con que me picotean las gallinas en los patios, y oyendo cada día más cerca los pasos temibles de animal grande del próximo viernes. Pero aquí estamos otra vez, como siempre, y ojalá para siempre. Ya sospechaba yo que no escaparía jamás de esta jaula desde la tarde en que empecé a escribir esta nota en mi casa de Bogotá y la terminé al día siguiente bajo la protección diplomática de la embajada de México; lo seguí sospechando en la oficina de Telégrafos de la isla de Creta, un viernes del pasado julio, cuando logré entenderme con el empleado de turno para que transmitiera el texto en castellano. Lo seguí sospechando en Montreal, cuando tuve que comprar una máquina de escribir de emergencia porque el voltaje de la mía no era el mismo del hotel. Acabé de sospecharlo para siempre hace apenas dos meses, en Cuba, cuando tuve que cambiar dos veces las máquinas de escribir porque se negaban a entenderse conmigo. Por último, me llevaron una electrónica de costumbres tan avanzadas que terminé escribiendo de mi puño y letra y en un cuaderno de hojas cuadriculadas, como en los tiempos remotos y felices de la escuela primaria de Aracataca. Cada vez que me ocurría uno de estos percances apelaba con más ansiedad a mis deseos de tener alguien que se hiciera cargo de mi buena suerte: un escritor.
Con todo, nunca he sentido esa necesidad de un modo tan intenso como un día de hace muchos años en que llegué a la casa de Luis Alcoriza, en México, para trabajar con él en el guión de una película.Lo encontré consternado a las diez de la mañana, porque su cocinera le había pedido el favor de escribirle una carta para el director de la Seguridad social. Alcoriza, que es un escritor excelente, con una práctica cotidiana de cajero de banco, que había sido el escritor más inteligente de los primeros guiones para Luis Buñuel y, más tarde, para sus propias películas, había pensado que la carta sería un asunto de media hora. Pero lo encontré loco de furia, en medio de un montón de papeles rotos, en los cuales no había mucho más que todas las variaciones concebibles de una fórmula inicial: por medio de la presente, tengo el gusto de dirigirme a usted para... Traté de ayudarlo, y tres horas después seguíamos haciendo borradores y rompiendo el papel, ya medio borrachos de ginebra con vermouth y atiborrados de chorizos españoles, pero sin haber podido ir más allá de las primeras letras convencionales. Nunca olvidaré la cara de misericordia de la buena cocinera cuando volvió por su carta a las tres de la tarde y le dijimos sin pudor que no habíamos podido escribirla. "Pero si es muy fácil", nos dijo, con toda su humildad. "Mire usted", Y entonces empezó a improvisar la carta con tanta precisión y tanto dominio que Luis Alcoriza se vio en apuros para copiarla en la máquina con la misma fluidez con que ella dictaba. Aquel día como todavía hoy me quedé pensando que tal vez aquella mujer, que envejecía sin gloria en el limbo de la cocina, era el escritor secreto que me hacía falta en la vida para ser un hombre feliz.
Por Gabriel García Márquez. (1982)





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jueves, 11 de enero de 2007

Cámbios, resortes y duendes




Cierras puertas, ventanas, cerrojos, sin distracción te sumerges en la vorágines de letras, puntos, punto y coma, suspensivos, interrogaciones… Tres primeras páginas, (aun con dudas sobre narrador) viento en poca a toda vela. Lees, relees, cortas, tomas notas, consultas diccionario (María Moliner que para eso te lo regalaron) vuelves a leer en voz alta persuadiéndote a ti misma. Algo falla, le falta o sobra pero ¿qué?. Cambios, cambios, cambios… tu mente pide cambios, tus cinco sentidos piden cambios, el como suena pide cambios: hay algo que no encaja, no huele, no se palpa, que deja la ligereza superflua sobre el mar sin oleaje, sin acantilados, corales ni peces. Cambios, cambios, tu mente pide cambios cuando en vez de dormir los ojos se clavan en resortes oscuros de la noche; visualizas, bullen duendes y descontento y el eco machacón del grifo abierto en la casa del vecino; tan sólo algún perro ladra a lo lejos y la casa desprende esa fragancia de cuerpos calientes sobre las camas mientras la duda te corroe, toma cuerpo, se personifica en susurros de ocurrencias que lleven lo que escribes a su punto álgido.

Cambios, cambios, cuando la mente pide cambios cambias personajes, magia, narrador, introduces nuevos, o simplemente enfocas desde arriba. Ilusionada, los dedos marcan oscuros sobre blanco de pantalla, la faena va que chuta, acelera, corre, se mueve disputándose el espacio y en sprint final, a falta de dos páginas para concluir aparecen los pintores (avisados desde Agosto) rulo y escalera en mano dispuestos a dejar la fachada y las azoteas blancas como la más pulcras de las nieves, mi hija pequeña me ordena que le solucione asuntos de sus vacunas (imprescindible para las prácticas de enfermería) el vecino descubre anegada su casa por mis tuberías, y por si fuera poco, el correo me deja un montón de cartas. Separándolas, busco, rebusco ¡ah! Llegó. La abro ¡Maldición! El trabajo prácticamente terminado y las bases no recogen ni extensión, ni a doble o simple espacio, y para más INRI, los participantes que hayan obtenido premios en convocatorias anteriores, podrán participar aunque sin obtener premio.

Vamos, ¡Chanfletazo! Como diría mi amigo Farruco.
El jurado por esta lid lo mismo encontrará relatos de 5,10, 13 páginas que libros de 100, eso sin contar que son XI convocatorias, mejor dicho, 11 años convocándose el concurso, que por matemáticas (cuanticas y sin cuanticas) impiden presentarse al que se le otorgó premio hace once años. ¡Casi ná!

Y es que ¡No puede ser!, ¡No puede ser!...

Pues nada, a tomar té y a terminar como corresponde. ¡Si es que estos me dejan!





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domingo, 10 de septiembre de 2006

Reflexión literaria 01: Renglonear libretas

foto creación familiar








Un paisaje, un disgusto, una incomprensión, siempre existían motivos suficientes para que desde muy niña jugara con las letras. Y mamá no era mamá cuando sus letras quedaban en el papel después de una reprimenda, escribir paloma no volvió a significar una paloma desde que caí en la abulaga pretendiendo atraparla, y pozo dejó de representar a un pozo desde que mi hermano bajó a rescatar el cubo que cayó de la soga… y así llegué a renglonear libretas enteras con palabras sueltas que encerraban historias completas. Era un juego, el juego de esa parcela íntima donde buscaba en mi infancia la palabra exacta que encerrase todo lo que sentía. Nunca encontré esa palabra cabal, a veces me doy cuenta que aún hoy sigo buscándola.
Con el tiempo descubro que el proceso de la escritura de una forma u otra es similar en todos los escritores. Nadie me dijo que tuviese que hacer como Tomas Alva Edison con la bombilla, pero leo y releo mil veces el texto corrigiéndolo otras tantas. Hoy por hoy, tendría que redefinirme y redefinir el mundo si la vida me privase de éste placer similar al de un amante insaciable reclamándome caricias y comunicación.
Transcribo lo que veo, lo que interpreto que veo; todos los días encuentro personas que sus vidas son una lección admirable a pesar de que el mundo alimenté la indiferencia hacia ellos.
No es lo mío buscar elogios, estoy hambrienta de críticas, los elogios son de agradecer, animan a seguir adelante, pero las críticas constructivas abren nuevos horizontes.

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miércoles, 6 de septiembre de 2006

Reflexión literária: Aniquilando pasos.

foto creación familiar












No me di cuenta al escribir la carta.
Lo tenía delante de mis narices sin encontrar la causa, el motivo de tanta ineptitud.
¿Por qué de un tiempo a esta parte me quedaba en el comienzo? ¿Por qué borraba mil veces y otras tantas, modificaba lo que quería decir sin razón aparente? ¿Por qué maldecía mi lengua seca que se volvía estropajosa? La respuesta era mía y solo mía. Nadie podía dármela ni preguntaba por ella.
Hoy, como una sombra se deslizó el enigma en el sonido invertebrado del timbre a las nueve y media de la mañana cuando recogí aquel libro que me trajeron por MRW, no por el contenido ni por las posibles lecciones, sino por que al tocarlo, me acudió ese sentimiento con el que escribí la carta de petición del mismo: perfección. Un sentimiento de búsqueda de perfección que aniquilaba cada paso, cada palmo, cada renglón y cada una de todas las emociones contradictorias que embargaban el espíritu de lo ajeno y lo mío.
Fue entonces, adivine que la perfección (su búsqueda) jugaba al escondite enredando horas, y dije: ¡Viva la imperfección! El sí por el sí; la nada, el todo; las dificultades; los adverbios y los verbos: ¡Vivan! Y vivamos los espejos de todos los colores y todos los planos habidos y por haber porque mañana, nadie estaremos para reprochar o que nos reprochen. ¡Quién sabe si cada desorden complementa un orden inidentificable! Soy un conjunto de sin sentidos alquilado que todo lo llena de sentido.
Decidido, está decidido. ¡Ya llegará la hora de la poda! Desde hoy, deserto definitivamente de escudriñar la perfección entre renglones primerizos.
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lunes, 21 de agosto de 2006

PALOMA ATRAPADA AL VUELO

foto creación familiar



Dos semanas llevaba almacenado en cajas libros, revistas y toda clase de documentación habidas y por haber: utopía, literatura gris y no gris, psicología, historia, ciencias, sociología, pedagogía y un lago etcétera, que luego apilé cuidadosamente, a la espera de pintar y de que me trajesen el mueble librería en el que pretendía colocarlos.
A medida que las cajas crecían menguaba mi optimismo “Imposible- me decía - es imposible que todo esto quepa en cinco metros por tres de alto. ¡Yo que quería descongestionar las estanterías de los dormitorios…!

En esas estaba cuando una de las cajas cercana al techo, perdió estabilidad arrastrando las demás hacia el abismo. La luz se volvió turbia, mis manos se agitaban por el aire, y un tufillo polvoriento, añoso, se divulgó con la avalancha de personajes y letras que descendían irremediablemente hasta desparramarse contra el suelo. Tan sólo una hoja quedo colgando de mi mano como paloma atrapada al vuelo. Respiré hondo ¿Qué podía hacer ante tanto desastre? ¿Empezar de nuevo? ¿Dejarlo para mañana?... La atmósfera inquietante y depresiva entró por la puerta. Con temblores de piernas y debilitada, apoyé la espalda en la pared y emprendí la lectura de aquella hoja: el final de un artículo escrito por Ricardo Lorenzo Sanz y Héctor Anabitater Rivas, en Abril de 1979, y que a continuación transcribo sin dejar de preguntarme ¿están caducadas estas reflexiones, o se hallan en pleno apogeo en la actual sociedad mundial?

Cinco siglos de matanza

Según Bartolomé de Las Casas la colonización europea de América significó la muerte de 15 millones de indígenas. El doctor Rivet estima que la población nativa en el momento de la Conquista puede ser calculada en 40 millones de seres humanos, y pese a los aportes de sangre europea y de sangre negra traida por la trata, la población de la América Española puede calcularse en 1800, tres siglos después, en 15 millones. En Africa, según Atlas Histórico Mundial, hasta principios del siglo XIX son apresadas unas 22 millones de personas, de3 las cuales la mitad morirá al ser transportadas hacia los mercados de esclavos. Investigadores como Arnault, W de Bois, M Duchase y otros especialistas, coinciden en una terrible estimación: la esclavización de los africanos costó la vida de 150 millones de personas.
Fue necesario que el asesinato masivo se practicara en Europa para que la opinión pública internacional tomara conciencia del significado de la palabra genocidio o etnocidio, más apropiada cuando nos referimos a los indígenas, pero eso sí, más “técnica”, más disimuladora. En definitiva los judíos son blancos, y fue necesario que los muertos tuvieran el mismo color de piel que los matadores, para que se condenara el exterminio de una raza o de un pueblo. La muerte de aymarás, hotentones, bantúes, Inés, no conmovió a nuestra civilización judeo-cristiana. Resulta paradójico, pero gracias a Hitler, hoy existe un vasto conocimiento de opinión a nivel mundial que está dispuesto a condenar y a impedir el genocidio.-Ricardo Lorenzo Sanz y Hector Anabitarte Rivas


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viernes, 30 de diciembre de 2005

ATRAPADOS


Que queremos ser oídos es evidente. La confusión surge al optar por el medio. Desde luego, todo escritor escribe para ser leído pero ¿realmente existe esa fórmula mágica?
Desde que aparecieron los bloc, hay verdaderas maravillas incentivando los sentidos. Maravillas a las que el ciudadano de a pie, el inculto informático, ni por asombro, o error, se acerca a las poderosas suelas blocgianas.
Nos guste o no, los que utilizábamos el papel y el boli, los que acogimos el ordenador con asombro y al mismo tiempo como aparejo poderoso, pegándonos a él a modo de sanguijuela gigante, extrayéndole el jugo que poco a poco vamos descubriendo, a esos, la pantalla se les ha hecho pequeña y terminamos atrapados en la red, releyendo una y otra vez: cómo se hace una página, un blong, o cualquier forma de publicación, donde poder colgar algunas de nuestras opiniones o creaciones.
Y Google se convierte en droga dura.
Wilkipedia en ansias de conocimiento.
Blogger en descubrimiento
Difíciles tiempo para la generación de los 70; siempre luchando entre dos tiempos, entre dos metas, entre dos caminos que desembocan en el laberinto complejo de la globalización.
¿Quizás la transición, para nuestra generación, no sea transitoria sino un fin en sí misma?