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lunes, 22 de febrero de 2010

Año 470 después del Desastre Inundatorio. La crisis.




Estamos a la espera de que aparezca Mandino Daini. Mandino Daini convoca ésta rueda de prensa en el Capitolio de Las Civilizaciones. El Capitolio fue construido por los supervivientes del Desastre Inundatorio. En él se recopila material salvado de las aguas, restos de distintas culturas de la tierra que fue traído de todas partes del planeta. En pocos momentos Mandino Daini hará acto de presencia. Arriba una bóveda espectacular descansa sobre los muros de este magnífico recinto conocido también como Nave de la Memoria. Una gran expectación se ha produce en la Nave, acaba de entrar Mandino Daini. Viste un traje azul de lana artificial, ahora se ha detenido, parece que habla con una delegada de la comisión científica. La delegada le enseña unos pliegos plastificados mientras Mandino Daini sube a la tribuna, les recordamos que desde el 459 en que fue descubierto el Monte Yuster Chi-lle, tres han sido las ruedas de prensas. La primera fue motivo de asombro, el gran yacimiento arqueológico hallado en las entrañas de un monte pasa a considerarse como el mayor descubrimiento de nuestra era; la segunda trató del hallazgo de unos documentos en los que se ponía de manifiesto la controversia de transformar el grano en combustible mientras una gran parte de la humanidad moría por la hambruna, hace dos años fue la tercera, en ella además de presentarnos manuscritos y una serie de documentos sonoros que llevaban por nombre Los Santos Inocentes, Mandino Daini se comprometió públicamente a que fuesen depositados en el Museo a la vista de cualquier ciudadano. Y por último ésta de hoy, que también se convoca sin que haya Conferencia Universal. Mandino Daini ya se acerca. Decir rápidamente que El Capitolio de las civilizaciones actualmente consta de tres naves, la de La Paz, la del Museo, y esta, en la que estamos, denominada de La Memoria. Ya sube Mandino Daini a la tribuna, lleva el cuello blanco de la camisa desabro…

--Buenas tardes. Os he reuni…

… pasamos a escuchar a Mandino Daini

--…ta rueda de prensas con la intención de anunciar que se ha dotado a los arqueólogos de mayor presupuesto y personal para que continúen sus tareas ininterrumpidamente. El que no haya comparecido ante los medios en los dos últimos años no quiere decir que en el Monte Yuste Chi-lle se halla cancelado las actuaciones. Al contrario, hoy podemos afirmar que, gracias a esa dotación se han creado turnos de forma, que ni de día ni de noche se paralizara la actividad.
Puntualmente y con todo rigor los medios mantienen un flujo de información, respecto a los hallazgos, que propicia la afluencia masiva al Museo, afluencia que ha desbordando todas las expectativas prevista. Pido disculpas si en algún momento se han concedido visitas para días posteriores a los solicitados. Y me siento orgulloso, todos debemos sentirnos orgullosos por la buena acogida que está teniendo estos descubrimientos. ´
Me gustaría hacer hincapiés especialmente en lo hallazgos de éste último año. Los más allegados saben que este 470 no ha sido un año fácil para mí, impedimentos y complicaciones me han tenido apurando el calendario, pero entre rato y rato, he podido estudiar los manuscritos originales de Yuster Chi-lle que datan del 2009. Mentiría si callara que estos manuscritos me han producido una cierta inquietud. Yuster Chi-lle fue un hombre sencillo, visionario de su tiempo y digno de ser estudiado a fin de poner los medios para que, gracias a nuestro desarrollo especializado y moral, sigamos manteniendo el compromiso de cuidar el equilibrio de nuestro planeta, no caigamos en la trampa de destruir lo que tenemos, este mundo que Yuster Chi-lle lo consideraba como una gran nave espacial adherida a su destino.
De entre todo lo extraído me gustaría destacar estas notas sueltas que han aparecido dentro de una agenda. En ellas, Yuster Chi-lle hace esas referencias explicitas al 2009:

La humedad ha entrado en de la casa, chorrea por las paredes, y las lozas adquieren un viso confuso y churretoso que se pega a las suelas de los zapatos. Nueve años han pasado del siglo XXI, las lluvias persistentes e inundaciones de ahora no quitan que haya sido el año más caluroso del planeta. Pero no nos damos cuenta, no queremos darnos cuenta, y a pesar de ser éste 2009 declarado por la ONU como el año de la astronomía, desde principios los astros se escondieron en sus casas celestes dejándonos a merced del estrago, vergonzoso e impúdico, de la corrupción. A primeros de año el mundo entero estaba en el ojo del huracán de una crisis económica provocada por los monstruosos lobbys financieros, insolidaridad y avaricia cabalgan como una peste maldita sembrando interminables filas de parados, inmigrantes, jóvenes sin esperanzas abocados a no formar familia ni tener hijos porque sus sueldos rayan el umbral de la pobreza, o en el mayor de los casos, sólo alcanza al pago del alquiler de la vivienda. En Enero, la prensa y los analistas políticos destacaban como algo significativo la llegada al poder de Baraka Obama, el primer negro en toda la historia que se sienta en La Casa Blanca para gobernar EE UU, pero ni su llegada al gobierno es la panacea que impulsa la economía, ni la muerte de Vicente Ferrer (el abogado de los pobres), tendría que eximir a cada cual de la parte de responsabilidad que nos toca. Y al amparo de la crisis el tejido industrial se destruye a pasos agigantados, Bancos que cierran créditos, operarios listillos que trabajan pero cobran subvención de paro, empresarios que aún sin pérdidas, cierran porque no se resisten a que desminuyan sus beneficios, … El egoísmo individualista y la cultura del pelotazo, de una forma u otra, hoy sigue tan viva como antes, abocando a que en estos años de vacas flacas, unos se enriquezcan a costa de que otros se pudran en la miseria.



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domingo, 13 de septiembre de 2009

La Victoria (con amor a mi hermano J.L)

foto.creac.familiar.Italia.2009



Con vigor extraño y nervios, emprendió el hombre el viaje más duro de su existencia. Ahora no le servirían aquellos zapatos marrones ni el equipaje tantas veces usado para recorrer mundo. Se calzó las sandalias, vació las mochilas y, a fuerza de empujones, metió en ellas ilusión, aplomo, y ese vértigo inexplicable de quien se aleja del precipicio. Un precipicio maldito fruto de la civilización, genes, o radiaciones. Sabía que todo el coraje era poco, que no podía desfallecer, mujer e hijas día y noche convocaban todos los astros de la naturaleza y corrientes de familiares y amigos gravitaban en derredor inyectándole energía. Lo sabía, simplemente lo sabía; el corazón nunca le engañaba y menos cuando estaba en juego algo tan valioso como la esperanza. Una esperanza cargada de indisposiciones físicas e incertidumbres cuyas rentas arrojaban el capital más preciado: la salud.

Después de unas semanas, dificultosamente el hombre sorbió batido rebajado con agua y se asomó a la ventana pensando que le quedaba otro día menos de tratamiento. Abajo, los vehículos cruzaban por la arteria semi-iluminada y la pandilla de muchachos reía y charlaba estrenando la frescura que deja el sol al marchar por el horizonte. Él nunca había reparado en el atardecer con aquellos ojos, ni el amor le crecía tan cargado de matices. Un olor a mujer recién salida de la ducha le llegó al corazón humedeciéndole los párpados.

--La amo ¡Dios! ¡Cuánto la amo!—se dijo mirándola a hurtadillas mientras ella, acercándose, lo abrazo por la cintura:

--Lo superaremos nene, verás como sí. Ya hemos superado la mitad del tratamiento.

Y una fuerza interior se apoderó de él, una actitud positiva que le llevó a saber que los días trabajosos que restaban, le acercaban vertiginosamente a la VICTORIA.


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jueves, 10 de septiembre de 2009

Salvada de la quema

foto creac. familiar.Medinasidonia.2005


Cuerdas de guitarra, olor a naftalina, y una chaqueta vieja, era todo lo que acompañaba a la anciana aquella tarde de septiembre, como si el tiempo se hubiera detenido entre el glamour caluroso de la puerta que se abría, y la voz acompasada de aquel hombre que le tenía sorbido el sentido. El aire aún quemaba. No se entreveía posibilidades de frescura, y la luna de la noche tal vez ni le dejara algún respiro, al menos eso creía porque el sudor, como un hilillo de penitencia le cruzaba el vientre.
Tras volver a registrar la chaqueta se levantó de la mecedora y cerró firmemente la puerta. De nuevo todo volvía a la penumbra. Apretó ansiosa sus dedos temblorosos sobre la tecla del cassett, y la voz masculina, por infinita vez, volvió a sonar como surgida de las tinieblas:

--Ay Saida… Saida de mi alma. Siempre tan ingenua y supersticiosa qué nunca me dejas hacer nada. ¿No sabes que este aparato sirve para dejar lo que hablemos y que lo escuchen nuestros hijos y nuestros nietos cuando no estemos? Tú y yo hablando por aquí, je je ¿Te imaginas?

Una lágrima resbaló por las arrugas de la anciana al recordar que siempre huyó del aparato. Nunca quiso decir nada. Si, le parecía absurdo, complicado. Y hasta tuvo más de un ataque de celos pensando en que desde que él descubrió aquel endiablado cacharro la tenía relegada.
Por entonces el chisme pasó a ocupar el lugar más privilegiado, yendo y viniendo su marido con él por toda la casa, sin dejar de hablarle ni siquiera cuando estaba en el váter. Pero ella un día, en un ataque de locura metió las cintas en el fregadero y les prendió fuego. ¡Cómo iba a imaginar que la voz de su hombre viviría por encima de la muerte!



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martes, 3 de febrero de 2009

Pasteles


A sus espaldas una sombra y al frente el reloj marcando un tiempo de los más inquietante, difícilmente podía pensar, el pastel asomaba a su mente con aire nauseabundo. Maldita estrágala que le estaba dejado mutilado los remos como un puerco engordado listo para ser descuartizado.
Un rayo de sol se dejo caer por la ventana estrellándose contra el sillón vacío de la esquina. Prendas, zapatos, pantalones, se extendían por el suelo a lo largo del salón, y él, en calzoncillos y con el torso desnudo, volvió a arrimar el cubo en un espasmo tembloroso regurgitando hasta las entrañas. Pálido y sudoroso se tiró hacia atrás en el sofá mirando el techo. Todo le daba vueltas vaciado de pensamientos que no fueran sus miembros que ya casi ni los sentía. ¿Cómo estaba solo? ¿Dónde su mujer? Y como una luciérnaga agonizante rememoró sus risas, sus dientes blancos saliendo de los labios, sus arrumacos acercándole el dulce, aquel pastel distinto a los de los demás invitados y que expresamente había cocinado para él.

Fue en la cocina, el corazón le brincó de gozo y la achuchó contra el frigorífico, él metió la mano por debajo de su falda proponiéndole compartirlo. Pero ella tenía la excusa perfecta ¡Sabes que me engordan!, le dijo, para terminar volviéndole loco, mordiendo su oreja, con aquel, “Prefiero comerte a ti, cariño”. Y ahora estaba allí sin comprender nada o comprendiéndolo todo.
Largo tiempo quedó absorto intentando pensar, pero su espíritu terminó perdiendose en la lámpara del techo.


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jueves, 22 de enero de 2009

Hipocresía




Tres veces entró en la tienda de campaña, luego el reloj le hizo entrar otras tres más, estaba debajo de la almohada, juraría que no lo había cogido pero la almohada, libre como un descampado apareció ante sus ojo y hurgó tres veces rebuscando donde había puesto el dichoso reloj. El tendón del músculo izquierdo le molestaba y los dedos se le engarrotaban con el frío. Por cuarta vez traspasó la lona terrosa profundizando en su memoria, visualizando los últimos actos ejecutados como autómata semidormido, pero no alcanzó a descifrar más que estrellas en el fondo y volvió a entrar. Nada. Bajo el bulto que hacía de almohada no descubrió nada. Encendió un cigarrillo y cuando se dirigía hacia afuera, echó un vistazo alrededor de catres y macutos calientes, rebuscando en sus bolsillos. ¡Oh por fin! Allí estaba. Todo el tiempo con el en el fondo de la faltriquera. Era tarde, más tarde que cualquier otro día, pero no quería suicidarse fuera de hora ni en momentos que aquel grupo de soldados le tocaba pasar por el acantilado, tenia que llegar después y antes que las órdenes llenasen de tanques y tropas la carretera de la sierra. Un suicidio tenía que estar bien planeado si quería que llegase a su sitio, si no quería que ambulancias, médicos, o compañeros solidarios le jugasen malas pasada. La vida sólo tiene sentido cuando querían hacerle la puñeta. Estaba prohíbo suicidarse, sí. Pero no esta prohibido matar a niños, mujeres ancianos, con tanques y bombas, o con granadas de racimos. ¡Hipocresías!, se dijo, antes de despeñarse al vacío.

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lunes, 5 de enero de 2009

Año 468 después del Desastre Inundatorio. Los Santos Inocentes.

foto.creac.familiar.2007.Tenerife
- Desde los últimos hallazgos en el Monte Yuster Chi-ller, numerosos arqueólogos han seguido trabajando denodadamente descubriendo una gran sala rectangular llena de: libros, cuadernos, periódicos, fotográfias, documentos sonoros… conservados en perfecto estado. La atracción de lingüistas, científicos e historiadores, no se ha hecho esperar, llegando a la conclusión, de que antes del Desastre Inundatorio, o, simultáneamente, una cadena de terremotos se produjo en esta zona. A pesar de ello, la sala quedó intacta, catapultada bajo toneladas de escombros y peñascos de forma que, a la llegada de las aguas, que arrastraba toda clase de sedimentos, pequeños guijarros se depositaron entre los huecos de los mismos, buscando salida. Produciéndose un sellado, casi perfecto, de la cámara, permitiéndole llegar intacta a nuestros días.

- Sr Mandino Daini, por segunda vez se nos convoca a los medios para hablarnos del Monte Yuster Chi-ller sin que haya habido Conferencia Universal, el descubrimiento en sí parece vital para nuestra civilización, pero ¿es tan importante como para que el mundo entero ahora este paralizado pendiente de estas declaraciones?

- Todos sabéis que gracias a la Conferencia Universal (que de generación en generación venimos manteniendo tan viva como el primer día) aprendimos a convivir avanzando hacia la conservación del planeta. La vida, una vida, no tiene precio de tiempo ni de dinero. Es irreemplazable e irrecuperable, decidido así por los padres de nuestros padres después del Desastre Inundatorio, principio que me consta que todos enarbolamos con orgullo. Por desgracia, el grupo de hombres y mujeres que estudian los primeros documentos extraídos de las excavaciones, ante el horror, se han visto en la obligación moral de que éste documento de Yuster Chi-ller sea expuesto al alcance de toda la comunidad antes de ser depositado en el Museo Principal, de forma que pueda ser leído sin dilación. Este es el motivo de convocar a los medios, dejar constancia lo antes posible de una barbarie que aún no hemos descubierto como terminó.
El Documento se compone de tres hojas. La 1ª escrita por los científicos, en la que consta datos del hallazgo, lugar y clasificación; la 2ª un manuscrito original; y la 3ª documentos sonoros hallados junto al manuscrito, firma y sello con la fecha del descubrimiento. Y sin más dilación paso a exponerlo para ser fotografiado o retransmitido en directo

Pg 1
Monte Yuster Chi-ller
Cámara sellada.
Los Santos Inocentes
Pg2
Cuando los estudiantes están en sus casas, los políticos relajan sus tareas, los christmas y villancicos cruzan Continente, y las gentes se desean Paz y Amor por las festividades navideñas, un acto diabólico, meticulosamente calculado y sin piedad, ha ensombrecido el calendario. El día antes de Los Santos Inocentes, el mundo entero se despertó con un montón de muertos sobre las mesas. Gaza, la zona más poblada del planeta, una franja de tierra de tan sólo 360 km cuadrados con un millón cuatrocientos mil habitantes, ha sido atacada por el ejército israelí.
Más de 60 aviones F-16 han incursionado lanzando 100 toneladas de bombas, sembrando de cadáveres y heridos las calles.
La población horrorizada recoge pedazos de niños y cuerpos esparcidos por el suelo y rebusca entre los escombros con la esperanza de encontrar alguno con vida bajo el ruido implacable de aviones y helicópteros que siguen arrojando bombas en lo que han venido a llamar Operación Plomo Fundido.
Nos llegan noticias, de que desde hace dos año este pueblo sufre un bloqueo antihumano, estando sin agua, ni luz, ni leche, ni harina, ni medicamentos…, hasta las ONG y periodistas tiene prohibida la entrada, cosa que no ha impedido que, desde Cisjordania, nos cuenten al mundo lo que está pasando.
Desde ese día anterior a los Santos Inocentes, los cadáveres se siguen amontonandose en las mesas de nuestras casas, la sangre de niños y civiles chorrea por las patas encharcando el suelo. Nadie sabe como va a terminar esto, pero cada minuto, cada segundo, el exterminio se acrecienta con cientos de tanques, vehículos blindados, y miles y miles de soldados invadiendo por tierra sumandose a los ataques aéreos.
La vida no espera, los borbollones de sangre salpican impotencia al corazón de los hombres que ya no comprendemos, ¿cómo se puede luchar contra el terrorismo, el crimen organizado, la barbarie, y se consiente, o no hay forma de detener, en estos años que corren, el vandalismo y sabotaje de exterminar un pueblo?
Líbranos vida de los poseedores de la verdad por que ellos aniquilaran la tierra, de los poderosos por que ellos compraran la verdad haciéndola mentira, de los iluminados por que ellos nos lavarán el cerebro, de los miedosos por que ellos aniquilaran la libertad de expresión, de las religiones por que ellas nos llevaran a las guerras.
Danos vida, la sensibilidad para aclamarte por encima de las desgracias, y valor para defenderte hasta debajo de las piedras.
Yuster Chi-ller
Pg3
firma y sello:
La Comunidad científica
Cuaderno de Bitácora.
Año 468 después del Desastre Inundatorio.

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martes, 21 de octubre de 2008

Con amor a V y R

foto creación familiar. Osuna 2008


Por la vieja cantera una melodía atrajo la atención de la muchacha ¿Quién dejaba su alma en tan maravillosa música?
Entre muros la luz aparecía atrayente, cómplice de un tiempo paralizado que más que achicar el espíritu le llevaba a ese espacio donde el alma se comprime para estallar en un big ban de júbilo.

Nadie en derredor, nadie a espaldas, y al frente la luz que se le abría, futuro de esperanzas donde los duendes tejían algún maravilloso arcoíris con que investirla. La vida ya se había encargado de romper inocencias, quebrar dibujos, y malograr esfuerzos, pero ella, luchadora innata, cuello estirado e inocencia recompuesta, enfiló sus pasos hacia esa luz que se le brindaba al susurro que le venía.

La música sonaba a unísono fruto de un pentagrama exquisitamente elaborado por otras manos heridas por el tiempo, incansable melodía lanzadas al viento lejano de la tarde donde los elfos extendían sus bondades con el aliento puesto en que se abriera algún resquicio, alguna gruta que llevara su plegaria a oídos de la flor encantada.

El sonido de un violín tocó el aire y una voz suave acarició el manto céfiro de la noche. Retazos de amor y labios, mirando juntos la libertad proyectando sus futuros.

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viernes, 22 de agosto de 2008

Confesiones

foto creación familiar.Osuna.07/2008


Cuatro pelos y una joroba, un soltar los dedos como salen, sandalias y algo televisivo mientras el ventilador gira frenético a las cuatro y media de la tarde. ¡No señor! Por supuesto que no, le diría a aquel joven encumbrado a la barra del bar. Aquellas no eran horas de cervezas ni chácharas, mucho menos de vinos. Más bien de algo refrescante y dormir el sueño de las lagartijas, porque para él que estaba levantado desde las seis de la mañana, cierto era que algún delicioso batido de chufas tomado en penumbras, o tal vez una limonada, o un té servido bien frió, pudiesen ser motivos para confesiones o soltar la lengua en un limbo impreciso propio del calor de aquella tarde. Luego pensó ¿Y por qué no voy a aceptar la invitación de éste periodista cuando en realidad nadie me espera en casa?

Por supuesto, el tabernero colocaría en el fondo del vaso esas hojas de hierbabuena que tanto le gustaban. Frescas, rutilantes y verdes. De un verde intenso, preámbulo de paladares exquisitos y delicadezas ocultas ante el conocimiento mentolado.

¿Qué añadirán antes, el te, o la hierbabuena?, se preguntaría Don Ramiro Raimundo en un alarde de intimidad.

Sucedáneo de momentos, realidades; los años se le habían convertido en sucedáneo de momentos reales ¿De lo auténtico…? Sólo las palabras encerraban esencias, mensajes, contenidos, el alma capturada… “¡Te con hierbabuena!…”- exclamó.

Y al igual que el vocablo “limonada” archivaba jugos de limón con la consiguiente textura, agua fresca, color, y su porción de azúcar, pero que al beberla descubría en ella aquella maquiavélica falsificación elaborada con la química expedida en los estantes de supermercados del siglo XXI, una química turbia e insultante en botellitas de plástico cuya única autenticidad era su nombre: “jugo de limón”; de la misma forma presentía en la palabra preservado el contenido: olor, tradición, paladar, sentimientos, y alguna que otra ráfaga coloreada gravitando en el recuerdo.

“La palabra escrita, cuando es la exacta, - tembló Ramiro acostando el cayado sobre el mostrador- es una quimera, joven. Una química que se te mete por la rendija del cerebro y los estantes de la memoria para revivida, arrancar lo mejor o lo peor que almacenamos en lo más hondo, trayendo lo intenso y reluciente a la superficie. Y ahora, tú, periodista medio comiducho y vanidoso quieres confesiones a estas horas calurosas tras tu vaso de cerveza y tu aliento fastidioso. Confesiones escondidas en mis uñas quemadas de tabaco y mis dedos amarillentos como un estigma de hombría marchita cuyos rescoldos añejos abrigan caricias y una mujer en cada surco de mi rostro. Confesiones para llenar tus páginas de letras con historias de otros tiempos, de otras gentes en la misma calle, en la misma casa con las mismas puertas.

Habitaciones, fantasmas eternos confluyendo como un todo mágico, encuentros de presentes donde la ausencia nos llena los recuerdos formando parte de un futuro incierto, que en el fondo, tu y yo arrastramos como un deseo eterno: superación de ser, hambres de conocimientos. Lucha y victoria como demandas de una vida persiguiendo ser amados.

No, ya no hay confesión, joven. Lo hecho, lo pasado y lo venidero, siempre está confluyendo. Un poco así, joven. A lo loco. Como tú y yo ahora. En este bar y a esta hora, con tus cuatro pelos y mi joroba.

Sacado de mi libro "El cuerno del Unicornio"


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jueves, 8 de mayo de 2008

La siembra

foto creación familiar

Antonio viajó en busca de trabajo cuando apenas contaba siete años de casado. Una mujer y tres hijos fue el único capital que dejó en casa de sus suegros. Era el mes de Junio de 1921, por la ventanilla del tren de madera los pueblos blancos aparecían plantados en campos de olivares para luego alejarse a sus espaldas. De vez en cuando la máquina silbaba furibunda. Él se levantó de la banqueta, esperanzado, echó los brazos sobre el bastidor de la ventanilla, el sol caía sobre trigales dorados, y en la lejanía, observando las cuadrillas de segadores (sombreros de paja y hoces en mano), pensaba:


- Si dicen que en Río Tinto, pues a Río Tinto.


¿Por qué no iba a ser capaz de aprender el oficio de las minas? ¿Quién decía que era torpe? En el fondo su espíritu aventurero y sus ansias de horizontes más de una vez le hacían sentirse preso de tradiciones impuestas y de una obligación, que sin reconocerlo, le pesaba. Ya se veía con éxito trabajando de sol a sol y pagando a la asistenta de la posada para tener camisa planchada y limpia, ya alternando en las tascas o con fulanas de la zona, ya en partidas de juegos… ya pensaba en su mujer y la miseria de sus prendas como algo que pasaría a la historia.


Al principio, algunas cartas salpicadas envió a la familia hasta que poco a poco aquella responsabilidad la fue ocultando en su memoria con la excusa siempre presente “¡Esta lejos Rió Tinto! Demasiado lejos de ese pueblecito perdido de Sevilla… los hijos, ya hombrecitos y mujercitas, ni me reconoceran, y para colmo ni una mísera peseta mandada en tantos años…”


Era tarde, quiso sentir que era tarde y simplemente trasplantó la vida a otra tierra como quién no ha dejado raíces gastando día a día lo que se terciase.

Tambien me dijeron que allí, en el jergón que habitó en el cuartucho de una habitación alquilada, entre estertores de muerte y envejecido, en ese umbral que descorre la conciencia, mi antepasado Antonio se lamentó de su soledad apelando a que nadie realizase la misma siembra.


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miércoles, 16 de abril de 2008

Año 467 después del desastre inundatorio. El Grano

foto internet


Entre los documentos de Yuster Chi-ller sacado de las excavaciones que se vienen realizando en el monte que hoy lleva su nombre, hallazgos del que dimos fé en la Conferencia Universal fechada en el Cuaderno de Bitácora con el año 459 de la nueva era después del desastre inundatorio, recientemente se ha hallado un documento claro y conciso de la civilización de aquella época, una civilización que en la frialdad de la distancia nos resulta incomprensible, y fuera de toda duda, asesina de hombres, mujeres y niños para mantener su estatus y poder sobre el resto de la humanidad. Yo Mandino Daini pasó a leeros el documento, que aunque algo deteriorado por los años, será expuesto en el Museo Principal a la vista de todos para aquel que quiera leerlo.

A la sequía se le sumo la lucha por el grano. Los grandes de la energía irrumpieron en los mercados acaparando todo el grano existente de tal manera, que los precios se desorbitaron sin poder hacer frente a almacenarlos o comprarlos los países desfavorecidos. La energía símbolo de nuestro tiempo ahora tomaba la forma del grano. Granos de maíz, arroz, cebada, trigo… que tras un proceso químico se transformaba en carburante para los coches, las industrias, los barcos, los aviones, como si del oro más reluciente se tratara.
En Tailandia y Pakistan el ejercito ocupó las calles contra una población hambrienta que robaba alimentos para subsistir. Voces como Jean Ziegler y La ONU se levantaron, pero el progreso, el tan mal entendido progreso y los avances tecnológicos movieron un engranaje al que no querían dar vuelta atrás, a pesar de que supusiera un genocidio en cubierto hacia los países más pobres del planeta, aunque la cifra de muertos por hambre se disparan astronómicamente, aunque significase que los más desfavorecido gastasen un tercio de su sueldo en un mendrugo de pan, el engranaje estaba en marcha.
La Unión Europea protestó por las declaraciones de la ONU tachándola de catastrofistas, los grandes de la energía miraron con malos ojos a Jean Ziegler, y lo que se había convertido en una llamada de atención, en una alerta ante el hambre mundial y los países pobres, se transformó en un acaparamiento del mercado del grano, los grandes de la energía querían ser competitivos a toda costa.
Y se condenaban con cárcel a los tironeros de bolso, a los que borrachos conducían coches, a los que robaban obras de arte o protestaban contra el orden establecido. Pero nunca, nunca se encarceló ni se desarticuló ninguna banda de las que fueron responsables del genocidio producido en los países hambrientos.
Yuster Chi-ller

Sacado de mi libro de relatos cortos El cuerno del Unicornio.


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jueves, 31 de enero de 2008

Vencedores. Vencidos. Cazadores de audiencias

fotos internet


Si le dijeran que un autobús navegaba por el agua y un submarinista bajaba a socorrerla lo creería. Lo creería porque quería creer todas las tablas de salvación que se acercaran, ella ya no tenía ni fuerzas ni ganas de seguir luchando. El miedo se apoderaba de cada cabello, de cada latido caliente, y hasta el sudor exhalaba ese vaho apocalíptico, penetrante y acre de la rendición de la sangre. Todo era confuso, los improperios de él se mezclaban vilmente con arrepentimientos ¿Qué había hecho ahora? ¿A qué venían aquellos golpes? Tal vez se lo mereciera por no aceptar su amor frente a millones de espectadores en el Diario de Patricia, tal vez, su novio llevara razón y era la más infame de la mujeres, tal vez, los cazadores de audiencias bendecían su infierno ante la muchedumbre, circo romano del siglo XXI ávido de emociones fuertes, pero ella, Svetlana, ya no podía soportarlo más. Tantas veces arrepentida intentó cambiar, tantas recibió un castigo injusto.

Sus sutilezas, sus burlas, sus insultos… los golpes e improperios ya eran lo de menos porque ahora, después de haberlo abandonado, después de sacar fuerzas de no sabía donde delante de aquellas cámaras televisivas, Svetlana volvía a revivir ese infierno amedrentado de quién conoce la realidad apostando por rehacer su vida dándose cuenta que ella no era culpable de nada, ahora que estaba consiguiendo liberarse de ese síndrome de estocolmo provocado por el falso amor de un hombre que no la merecía, en las escaleras de su piso y sin previo aviso, siente la vida que se le vacia a borbollones espesos por la garganta mientras él, cuchillo en mano y enardecido por las masas, por un instante la mira, y le asesta la última puñalada.
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miércoles, 5 de diciembre de 2007

Navidad en una botella



Una casa donde los niños se multiplican de debajo de las piedras significa que ni la madre tiene tiempo ni la noche tabique, “¡Miqui... deja de sacarle brillo al suelo qué no le salen piojos!,” solía decir mi madre cuando reclamaba apresuradamente mi presencia, siendo aquel día navideño una de esas veces. Todo se le amontonaba. Para colmo, la hermana de mi padre, qué no veía tres en un burro, Aurelia, llegaba ese día de Navidad con el marido, porque estaban desde Melilla de viaje de novios y no tuvo otra ocurrencia que visitar a toda la familia, de paso seríamos presentado a su marido (mi tío) que por el talante de las fotos, a mi me parecía más un alambre qué una guita; comparación que viene por eso que le escribió mi padre a mi madre cuando estaba en La Zona haciendo el servicio militar: No te preocupes por mí, aquí estoy bien. Se come; cosa que fuera escasea, y al llegar la noche me acuesto en un alambre y me tapo con una guita. Letras que la crédula de mi madre se creyó a pies juntillas y no paró de llorar hasta que en la feria le dieron permiso y lo vio entrar por la puerta. Y es que la imaginación es tan astuta, que a veces guarda los mensajes como recuerdos en una botella.

Pero mis tíos, los que venían de viaje de novios, los esperaba mi madre para almorzar y sólo faltaban dos horas, lo que significaba “hacer una comida especial", no para ellos exclusivamente, sino para doce comensales si no quería atenerse a las alborotadas imprudencias propias de ocho niños que oscilaban entre los tres y los catorce años.

Mi tía Aurelia llego antes de lo previsto con sus inmensas gafas, y mientras los hombres habrían boca entre el mosto y el tomate con ajos picaditos, ella, como atraída por el olor del caldo de gallina, se acercó a la cocina donde mi madre y yo terminábamos los preparativos. Por aquel entonces ni todas las casas de Osuna tenían fregaderos ni el agua llegaba a todas las casas, por lo que en la mía se fregaban los platos en dos lebrillos de barro con el agua qué previamente habíamos volcado del cántaro o sacado de la tinaja. A mi madre le gustaba tener algún remanente por lo que pudiera pasar, siendo a primera hora de la mañana, cuando todos dormíamos, el momento idóneo para traer varias cargas de agua en uno de esos carritos de dos cántaros.


Pues bien, como decía, mi tía estaba en la cocina con nosotras. Mi madre hacía una abundante ensalada y yo, a medida que secaba los cubiertos, salía y los colocaba en la mesa, pero una de las veces al volver a la cocina, sorprendí a mi tía con la nariz casi dentro lebrillo metiendo y sacando la cuchara en el agua de enjuagar la bajilla al tiempo que decía tras sorberla con entusiasmo:

“Sobrina, ¡pues no está tan bueno este caldo! ¡Y mira que olía bien desde fuera! Pero no… ahora que lo huelo de cerca… sabes tú que no. No ha salido ni mijita de gustoso”


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lunes, 17 de septiembre de 2007

Constancia escrita

foto creación familiar. Óbidos. Portugal 2007






Don Inocencio Cepeda curaba las vidas y las almas. Su porte sereno y su voz templada resultaban más productivo y beneficioso que cualquiera de aquellos tratamientos que recetaba a sus pacientes. Nadie supo de donde vino, nadie su ideología, nadie en ningún momento lo había visto fuera de sí por ningún motivo ni matar el tiempo en los bares como la mayoría de los hombres del pueblo.

Alto y bien plantado, con alianza en mano pero sin mujer en su casa, era la comidilla y el misterio de todas las mujeres casadas y solteras, viudas y jovencitas, niñas y viejas, porque la paz que irradiaban sus palabras contrastaba con la fealdad de su rostro como si la naturaleza, en un gesto benevolente, le hubiese regalado esa pulcritud de miras reservada a las personas especiales, y Don Inocencio, sabedor de ese don lo administraba con tal esmero, que nunca pudieron decir que se consideraba por encima del resto de los mortales, si no que por su franqueza y sencillez, los habitantes terminaron olvidando la fealdad de su rostro.

Apenas contaba 19 años cuando conocí a Don Inocencio. Recuerdo que, más allá de sus gafas, descubrí dos ojos diminutos sin orden ni concierto adornados de espesas cejas. Tras desinfectarme las magulladuras, cuidadosamente colocó dos tablillas entre los lados de mi pierna y con sus porrudas manos, las iba afianzando con las vendas como si de una sola pieza se tratara. El pueblo andaba revuelto porque un profesor de historias (hijo del municipio) había basado su tesis doctoral en “Los Crímenes En El Mundo Rural”, saliendo a la palestra el nombre del pueblo como uno de los referentes a pesar de hacer más de siglo y medio de aquellos acontecimientos.

- Ya te pondrán otra cosa en el hospital. Esto evitará el movimiento. Y tú... ¿de qué bando estabas en la refriega?
- ¡De cuál voy a estar Don Inocencio! A mi pueblo qué no lo toque ni las gaviotas. ¡Escribir esas cosas…!
- Sábes, hijo – levantó la cabeza clavándome uno de sus ojos extraviados- si todo el mundo pensase como tú, si no se dejase constancia escrita de las cosas, ni habría historiadores, ni por supuesto ahora te estaría curando la pierna como lo hicieron nuestros antepasados.





Sacado de mi libro "El cuerno del Unicornio"
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jueves, 9 de agosto de 2007

En aquellos tiempos de paz

Arahal 1960/70. foto internet







En los tiempos de paz, los hombres salían a la calle a trabajar y las mujeres eran las reinas de las casas.

Las casas eran una habitación para la familia, un retrete en el corral para los inquilinos y la cocina colectiva en un patio de vecinos.

En aquello tiempos de paz, las mujeres hacían la ropa de la familia, cuidaban de la casa y de los hijos, mientras los hombres se iban a la plaza del pueblo y a las esquinas a esperar que ese día le señalasen con el dedo para irse a trabajar.

Los hombres le extraían a la tierra tagarninas, espartos, alcaparras… pero cuando tenían suerte, laboreaban de sol a sol en los campos, volvían agotados a las casas con las camisas salitrosas y un mísero jornal.

Y las mujeres, fabricaban con espartos las pleitas de las esteras, los serones, las espuertas y los capazos, y con manojos de cerdas de caballos los pinceles para blanquear; también traían los cántaros llenos de agua de la fuente, iban a la tienda a las cuatro de la madrugada, mantenían el anafe encendido, y sobre todo: eran brujas que estiraban el sueldo hasta el infinito mientras los niños, casi descalzos y sin abrigo, jugábamos en las calles de tierra al pincho, a la rayuela y al cortahilo; cuidábamos las vacas y los cochinos, y arrancábamos amapolas para los conejos hasta la edad de trabajar.

En aquellos tiempos de Paz, las mujeres y los hombres, si querían comer y qué no se les acabara el jornal, tenían prohibido pensar.

Sacado de mi libro "El Cuerno del Unicornio"


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martes, 12 de junio de 2007

La madre



Con una cesta de esparto y un moño en la cabeza: espera. Espera con la mirada gastada en los cerros. El romero y la abulaga acarician el aire y un rumor de besos viejos pasa de puntillas entre chicharras de siestas. Las bestias se inclinan apresando rastrojos a dentelladas, y ella, que nunca pasó tanto tiempo inmóvil, con esa fragancia de tomillo caliente que emana de sus pechos, repara en el horizonte, los animales…
Las granadas la miran entristecidas.
Él, no fue para ella aunque sus labios dijeron lo contrario, tal vez por su porte señorito, su esposa, o quién sabe si por prejuicios de una sociedad caduca, hipócrita, de títulos “dignos…”.
Ahora, después de treinta años él ha muerto, y ella, qué se entregó sin saber que la buscaba como el zorro a la gallina, espera ver el hijo que le arrebataron.


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viernes, 1 de junio de 2007

Diez minutos del mundo de Melecio






Diez minutos. Simplemente diez minutos inmisericorde para hincar el diente a los objeto extraños que flotaban invisiblemente para los demás y que para Melecio Quesada eran una vida nueva, un rellano en las escaleras, un sol encendido a media noche, porque él, amarrado a la cama y ajeno a los instantes de desasosiego familiar, sabía que la realidad de la que tanto hablaban los médicos era muy diferente a la que se escondía tras esos objetos:

¿Quién dice que no veo lo que veo? ¿Quién puede afirmar rotundamente que mi mundo no es mundo? Mi mundo es tan necesario como el agua a la harina o la levadura al pan. Sin él, sin mi mundo, ellos no existirían, los doctores ni la ciencia existirían al igual que no existen las aceitunas sin olivo, las espigas sin grano, o el editor sin escritores.

Melecio miró a su alrededor sin entretenerse, sus caninos babeaban ansiosos y las presas desaparecían en nebulosas abstractas que le dejaban medio perdido. Quiso buscar salida a su nuevo estado, quiso buscar explicaciones, quiso aullar como lobo que en medio del desierto agoniza sin tajada. Al fondo, justo detrás de la puerta de la habitación adivinaba a su doctor impoluto, calva y bigotes a juego informando a su hermana de los progresos:

- ¡Va mejorando! ¡Va mejorando! Usted debe saber que su hermano va mejorando. El grado de su esquizofrenia es alto, el brote se va controlando y la miseria que siente en su alma está quedando tapada como una tinta china que oculta otras manchas. Así, de esa forma, estará por un tiempo. Melecio olvidará las manchas de su mente, los ataques, dejando al descubierto esa oscuridad indecisa pero que empujarán poco a poco, a lo más profundo, los retazos rojos, la sangre, y los bellos de punta que le provocaron la crisis.

- ¿Cuánto tiempo puede durar esto? – preguntó la hermana - ¿Curará o por contra estará toda su vida en ese mundo de imágenes y violencia?

El médico quiso decir algo alentador, quiso tranquilizar a la muchacha, prometer, visionar tiempos futuros, pero sus labios sólo exhalaron un quejido cuando asomado por el ventanuco de la puerta, vio a Melecio que por un instante, a pesar de estar amarrado a la cama, algo de él levitaba sujetando con ahínco entre sus manos el cuerpo suyo (calva y bigote a juego con bata impoluta) y diciendo al tiempo que le despedazaba a dentelladas “No es real… No es real… ¡Pero qué sabroso y enriquecedor es éste desahogo!”

Y el doctor, a éste lado de la puerta, a este lado del tabique, se desplomó fulminado a los pies de la hermana de Melecio con las marcas sanguinolentas de unas muelas coronando su cabeza.






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viernes, 13 de abril de 2007

Año 459 después del desastre inundatorio






Durante toda la noche no había parado de llover, un julio atípico, herido, no sabía si por el cambio climático o si por aquel afán del hombre de provocar lluvia artificial y que de un tiempo a esa parte sospechaba que era utilizada como arma de guerra.

Atrás quedaban los ritos de los indios llamando la lluvia, los cohetes payeses mediando el pedrisco, los santos en parihuelas de los años secos… atrás quedaban aquellos días de la guerra del golfo en que los aviones dispersaban las nubes despejando los cielos de las bases militares y alrededores, porque antes, la ciencia tan sólo podía predecir, pero luego, luego que había alcanzado el control de los cambios atmosféricos promoviendo e impidiendo, luego... todo era posible y hasta las fabulaciones más fantasiosas rayaban la certeza.

Yuster Chil-lle sabía que desde Julio Verner la literatura aportó las mejores ideas para sus descubrimientos científicos y que Benjamín Franklin fue capaz de encerrar el rayo en un a vara de metal, por lo que él, como persona, se sintió en la obligación de aportar esa idea descabellada (en aquellos tiempos que corrían) de que el planeta era una nave navegando en el espacio sin más destino que el que sus habitantes estuviesen dispuestos a marcar, por lo que convertido en el más productivo de los escritores rellenó y relleno folios, cuadernos, paredes, mesas, y toda clase de superficie sin más placer que un mundo diferente, documentos que han llegado a nuestros días gracias a las excavaciones realizadas recientemente en el monte que hoy lleva su nombre “Yuster Chil-lle” y a la tradición oral de algunos descendientes de la zona, por lo que ante éste descubrimiento, invito a una seria reflexión sobre el asunto.

Con estas palabras queda concluida la conferencia universal que se fecha en:
Cuaderno de bitácora año 459 de la nueva era después del desastre inundatorio, de la que Yo, Mandino Daini doy fe como testigo.




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sábado, 7 de abril de 2007

Carlos

foto creación familiar




Buscar, buscar, buscar… aquel día Ludivina buscó referencias que le llevaran a esa realidad que el día anterior se deslizaba como huevo batido, tinta sobre papel, o pintura en cualquier superficie, percatada de que, aún no había recibido (como de costumbre) el mensaje de Carlos indicándole que emprendía el regreso, comprobó que durante la noche el móvil se había tragado la batería.

Liduvina lo puso a cargar en el preciso instante en que la vecina llegó comunicándole que Carlos había muerto en un accidente de tráfico.

Sorda Liduvina buscó, buscó, y buscó referencias que la llevaran a creerla.

El tintineo del móvil llegó anunciando el mensaje entrante:
T Xero Lidu, prpara dsayu ¡YA!. Tgo ambre.

Los familiares comenzaban a llenar la casa, la policía hizo acto de presencia, y hasta hubo quien avisara a un médico, pero Liduvina, enajenada y como buena esposa, se afanaba preparando el desayuno a su marido mientras que un hilillo plomizo de su cigarro se alzó buscando espacio.




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miércoles, 21 de marzo de 2007

Agua

foto creación familiar







Corría el año 1942 cuando en las viñas de Osuna, todo parecía indicarle a la Biala que los años venideros serían más duros aún que los vividos. Como todas las noches tapó con sacos los agujeros que hacían de ventanas. La ventisca y el frío seco se apoderaban de aquel refugio medio derruido plantado en la intemperie de la colina más alta de la redonda, y la puerta desvencijada sostenida por sogas de esparto a las curvas de la viga, quedó atrancada por la joven que no se acostó con la madre (en el colchón de paja que reposaba en el poyete de piedras que había presidiendo el recinto) hasta no apagar la lámpara de aceite con un tembloroso soplido. Todo quedó a oscuras. Una oscuridad densa, espesa, interrumpida únicamente por el aleteo de los sacos en los agujeros y el silbido lóbrego de un aire que le llegaba a modo de navajas clavándose en sus carnes. Tiritaba.

- Madre, desde mañana duermo con la escopeta a los pies del pozo.
- ¡No tienes valor hija!... Mira qué hay gente con mala ralea y puede ser peligroso.
- Tú déjame a mí, madre. Quien quiera agua, que la pague. A céntimo voy a cobrar el cántaro.

Con ese pensamiento quedó la Biala dormida abrazada a su madre leyendo en las recuerdos: árboles, matorrales, y aquel latón que, junto al brocal del pozo llevaban meses vacíos de pájaros y animales que en otro tiempo le sirvieron de sustento. Los renglones de la naturaleza no dejaban de escribir y todo parecía indicarle que los años venideros serían aún más duros que los vividos.

Las vigas crujieron. El lagar que había junto a las dos mujeres suspiró añorando pies añejos, tal vez de épocas romanas pisando su vientre ahíto de uvas, y él alacrán que dormía el sueño del invierno, lanzó una mirada entristecida y siguió durmiendo. A la miseria de la posguerra se le sumaba el capricho de las nubes que renunciaban a derramar sus preciadas aguas propalándose el hambre por las tierras españolas como un castigo del que no se salvaban ni los pozos, pero en las viñas de Osuna, mientras la sequía se derramaba por los cerros, solamente el pozo de la Biala contenía algunos turbios litros, litros que ella escrupulosamente custodió escopeta en mano, impidiendo que nadie sacase agua hasta no verlo de nuevo regenerado. Los renglones de la naturaleza le habían enseñado que: de nada le serviría ganar unos céntimos de más a costa de la muerte de su pozo.




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jueves, 15 de febrero de 2007

Lobo estepario

foto creación familiar.








Ya no era un niño y eso de ser padre alteraba mis proyectos, como si de golpe la naturaleza se hubiese empeñado en cargarme de responsabilidad, en hacerme adulto a la primera de cambio. Yo iba contra natura. Era un lobo estepario que admiraba su soledad, esa soledad que me dotaba de una libertad infinita para hacer y deshacer a mi antojo, pero la vida tenía otros proyectos para mí.

Joaquín Rodrigo rebullía en el aire con su Fantasía para un gentilhombre y en la mesa que hay a la izquierda de la cama, bajo la ventana, la carta aparecía desplegada como un barbecho blanco con rastrojos entintados. TE QUIERO decía, YO TE QUIERO volví a leer en letras grandes como si aquellas palabras tan manidas en la historia de la humanidad se hubieran inventado para mí.

Releí una y otra vez el texto pretendiendo ver sus manos blancas, el cabello ensortijado tapándole los ojos y esa angustia de la duda que sella la distancia. Era orgullosa, valiente, las hipocresías y dobleces no iba con ella, hasta el punto de que a veces, su sinceridad me resultaba dañina, perversa. Pero esa vez no se atrevió a abrir la boca, esa vez necesitó cinco meses de silencio telefónico para llenarse de valor y escribirme una carta, me decía que no son cosas para hablarlas por teléfono y que prefería esperar mi respuesta sin notar mi voz sobresaltada en sus oídos. ¿Yo la quería o aún no estaba enamorado del todo? Quiero pensar que sí.
Le anuncié mi llegada para la semana siguiente de haber recibido su carta. Pediría unos días de permiso en el trabajo, sin saber, qué ella me ocultó que estaba a punto de dar a luz.

Ahora comprendo sus enfados, su seriedad, y esa atmósfera melancólica, hace cinco meses, a la hora de despedirnos. Su silencio fue necesario. Era de éstas mujeres que no quieren compasión ni clemencia. Ella necesitaba ser deseada, querida, aceptada…

Pero la vida nos jugo la peor de las pasadas, a mí me hizo adulto a la primera de cambio, aceptando la responsabilidad de ser padre (de la que hoy me siento infinitamente orgulloso), en cambio a ella, qué impaciente adelantó el encuentro, la mató en la carretera mientras venía a visitarme.



Relato pertenecinte a mi libro "El cuerno del Unicornio"
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