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miércoles, 6 de abril de 2011

¿Aciertos o desaciertos de Miguel Hernández?

foto.creación.familiar.Ramblas.Barcelona.2010

En el centenario del nacimiento de Miguel Hernández, paradójicamente la crisis económica invade el planeta. 85 millones de pobres se diseminan por la Europa comunitaria. Los pueblos de Grecia, Irlanda, Portugal, España, Italia, Francia… se levantan contra los planes de austeridad dictados por los gobiernos. La Unión Europea bajo el lema “¡Alto a la Miseria!”, declara 2010 “Año de la pobreza y de la exclusión social”, y España alcanza los 4.5 millones de parados.

Mientras que, paralelamente, los ricos a nivel mundial, crecen un 17,1%, (empresas españolas cotizadas en bolsa reparten 32.300 millones de euros a sus accionistas, un 19% más que en el 2008), y Wolfgang Wodgar (Presidente de la Comisión de Salud de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa), acusa públicamente a la Organización Mundial de la Salud y a los gobiernos, de generar una psicosis innecesaria con la gripe A, debido a los vínculos de cinco de sus miembros con las industrias farmacéuticas: GSK, Roche, Baxter, y Sanofi Pasteur.

Y es que hablar de Miguel Hernández sin relacionarlo mínimamente con el entorno económico-social resulta difícil. Máxime cuando su vida y su poesía encarnan lamentos desgarrados del hombre y la infancia:

Carne de yugo ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Lamentos de niños yunteros de Sierra Leona que extraen Diamantes o son obligados a matar a sus padres con el fusil AK 57, niños yunteros del Congo extrayendo el Coltan para ordenadores y móviles, o, estaño en Llallagua (Bolivia). Niños yunteros que laborean campos en Mali, rebuscan plásticos, chatarras y cartones en vertederos de Nicaragua, Camboya, Buenos Aires… esto sin contar los esclavos sexuales que, sólo en España, alcanzan ya la trágica cifra de casi 4.000 niños:

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
Verdugo de esta cadena?

Miguel Hernández Gilabert, uno de los poetas más humanos que ha dado nuestra sociedad, comúnmente conocido como Miguel Hernández, nace en Orihuela en el seno de una familia ganadera y de media clase en 1910. La muerte le sobrevino en la cárcel de Alicante cuando contaba 31 años. Fue un sábado 28 de marzo de 1942. Tiempo después, su mujer Josefina refiriéndose a ese momento comentaría a Andrés Sorel:

 “Sobre las seis de la tarde fue el entierro. Iba un ataúd sobre un coche de caballos y no llevaba ninguna corona. Sólo íbamos acompañándole en una tartana cinco personas: su hermana Elvira, una vecina que se llamaba Consuelo, Miguel Abad, Ricardo Fuentes y yo… A las diez de la mañana del día siguiente, Domingo de Ramos, se le dio sepultura .

Niño despierto y brillante, que aunque en primero de bachiller le otorgasen las distinciones: Príncipe en Aritmética, Emperador en Gramática, y en las demás asignaturas sobresaliente, no fue obstáculo para que su padre le sacase del colegio a los 14 años. De padre analfabeto y madre gitana, muy pronto aprendería que debía leer de noche y a escondidas si no quería recibir las reprimendas paternas. En honor a la verdad hay que aclarar que su progenitor no era rico, pero lo que se dice pobre, para aquella época, tampoco. Del Partido Republicano de la Derecha de Lerroux, y padre de 7 hijos, poseía al menos 100 cabras y además de ser tratante de ganado con Barcelona, contrataba caballos para las corridas de toros de Orihuela. Esto sin contar que poco después de nacer Miguel, poseyó capital suficiente como para comprar una vivienda .

Miguel va creciendo entre cabras y naturaleza:

En cuclillas, ordeño
una cabrita y un sueño.
Glú, glú, glú,
hace la leche al caer
en el cubo. En el tisú
celeste va a amanecer.
Glú, glú, glú. Se infla la espuma,
que exhala
una finísima bruma.

Serán seis años de pastoreo en los que Miguel se echará al hombro su máquina de escribir (que compraría a plazos) y arreará las cabras. En el monte, si antes escribía a lápiz sobre el lomo de una cabra, ahora, a la sombra de un árbol echa a volar sus dedos. Alas de proyectos que retumban por los cerros mientras vigila la piara.

Tiene 20 años cuando, en el diario Pueblo de Orihuela, ve la primera publicación de un poema: Pastoril.
En sus versos ya se vislumbra naturaleza, ritmo, humanidad, y dramaturgia, que acompañarán al poeta durante toda su obra:
… …
La noche viene corriendo
el azul cielo enlutado:
el río sigue pasando
y la pastora gimiendo.

Mas cobra su antiguo brío,
y hermosamente serena,
sepulta su negra pena
entre las aguas del río.
..............................................
Reina un silencio sagrado...
¡Ya no llora la pastora!
¡Después parece que llora
llamándola, su ganado!

El revuelo provocado entre escritores de la ciudad hablando de un pastor que escribe versos, facilita la colaboración del joven Miguel en los periódicos locales. Pero será en 1931 y Gracias a aportaciones económicas de sus amigos Ramón Sijér, Juan Bellod, y otros, cuando después de recoger en el Hotel Palas de Orihuela la pequeña cantidad de dinero, marcha por primera vez a Madrid. Esto fue en 1931.

A mediados del año siguiente, enfermo regresa a su tierra. Ya apenas se habla con el padre y trabajará como botones en el Banco de Crédito, chico de recados con José María Quílez (Notario), y con otro Notario, Luís Maseres Muños, ejercerá de mecanógrafo. Paralelamente escribe en su huerto bajo una higuera. “Limón” y “Yo-la madre mía” son obras de ese período en las que destaca una clara influencia del autor de "El obispo leproso".
Pero será 1934 uno de los momentos más trascendentales de su vida, el joven y amigo de Miguel, Ramón Sijé, funda “El Gallo Crisis”. Ahí se publica de Miguel parte de “El torero valiente” (inspirada en la muerte del torero Ignacio Sánchez Mejías), poemas dedicados a María Zambrano, y "Silbo de alabanza en la Aldea". La revista católica, localista, y ligeramente de izquierdas, durará sólo un año, seis números en los que colaboró nuestro joven poeta. En vano intentaría Miguel venderla entre sus nuevos contactos de Madrid: Pablo Neruda, Vicente Aleixandre, Cernuda, Altolaguirre, Alberti, Delia del Carril, María Zambrano, Pablo Neruda... Provocando en el muchacho, más que indignación, cierto conflicto con su pasado ideológico.

Simultáneamente, Pablo Neruda y Vicente Aleixandre le abren un nuevo mundo creativo: la forma libre de los versos.

Con la calificada poesía impura o cuasi-surrealista, sin mordazas de métricas, nuestro poeta intuye que desplegaría magníficas metáforas. Las experiencias de su infancia, del contacto con la naturaleza y sus ansias por ser escritor, le llevan a beber en todas las fuentes. Ya conocía la literatura clásica y ahora se le ofrecía la innovación, las nuevas corrientes que bullían en las tertulias literarias madrileñas.

El amor, los sueños, la justicia… La maduración del hombre se debate en esa etapa en la que Sijér-Neruda se disputan a Miguel. Neruda vigilante escribirá:

“Querido Miguel, siento decirte que no me gusta El Gallo Crisis. Le hallo demasiado olor a iglesia, ahogado a incienso…”

En la disputa, Neruda irónicamente dirá a Miguel perseverando en su crítica:

"Celebro que no te hayas peleado con El Gallo Crisis pero esto te sobrevendrá a la larga. Tú eres demasiado sano para soportar ese tufo sotánico-satánico".

Dos meses antes de su muerte, Sijé dolido y ofuscado se revela y escribirá a Miguel:

“Nerudismo (¡qué horror, Pablo y selva, ritual narcisista e infrahumano de entrepiernas, de vello de partes prohibidas!); aleixandrismo, albertismo. Una sola imagen verdadera: la prolongación eterna de los padres”.

Sijér y Miguel que hasta entonces se apreciaban tan profundamente que llegaron a jurar que si uno moría, el otro cavaría la tumba del amigo fallecido , empiezan a distanciarse.
Para entonces el poeta ya lleva seis meses largos trabajando con José Mª de Cossío en la enciclopedia “Los Toros”, una de las más magnífica obra editada hasta hoy sobre el mundo de la Tauromaquia. Pero será dos meses después, cuando el 25 de Diciembre de 1935 muera Ramón Sijér con tan solo ventidós años. Miguel, conmocionado viaja de Madrid a Orihuela.

A su llegada, Sijér ya está enterrado. Entonces Miguel, lleno de rabia y arrepentido por su distanciamiento se vuelve medio loco pretendiendo desenterrar el cadáver de su amigo:

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.”

“Nos costó mucho disuadirle de cumplir su proyecto”—contaría su hermano Vicente—“quería él mismo cavar la sepultura de su amigo Ramón Sijér con sus propias manos:

“Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.”

Qué hubiera sido de Miguel sin el vicario de la diócesis don Luis Almarcha Hernández, que le dejaba leer la biblioteca, sin Juan Guerrero Ruiz, Ramón Sijér, Carlos Fenoll, José Bergamin, María Zambrano, Neruda, Manuel Molina, Josefina, su hijo, Aleixandre, José María de Cossío, su padre, sus hermanos, y todos los que de una forma u otra se rozaron con él conformando al “Hombre” en todo el contexto humano de la palabra. Autodidacta, su poesía comprometida y revolucionaria alcanza gran prestigio durante la Guerra Civil:

Sentado sobre los muertos
que se han callado en dos meses,
beso zapatos vacíos
y empuño rabiosamente
la mano del corazón
y el alma que lo mantiene.

Antes de finalizar la Guerra Civil fue detenido, siendo juzgado y condenado a muerte en 1941.

Por la intercesión de Cossío y otros intelectuales se le conmutó la pena de muerte por treinta años de prisión, y por no hacer sufrir a Josefina le diría en una de tantas cartas:

"Me han juzgado y he firmado doce años y un día de prisión menor. No te miento. El fiscal pedía treinta, y al fin me han rebajado dieciocho. No es mucha edad doce años. Ya casi todos los condenados a esa pena los suelen poner pronto en libertad”.

Cartas que para que llegaran a su destino le habían exigido que llevara en el remite la misiva "Arriba España, Viva Franco".

En la cárcel crece el amor a los ideales, a la vida, a ser Hombre, y en un grito de auxilio desgarrado escribirá “El hambre”:

"Ayudadme a ser hombre: no me dejéis ser fiera
hambrienta, encarnizada, sitiada eternamente."

Y crece la ausencia de Josefina y la esperanza del hijo que ya tiene dos años:

Con dos años, dos flores
cumpleas ahora.
Dos alondras llenando
toda tu aurora.
Niño radiante:
va mi sangre contigo
siempre adelante.

Jose María Cossío que estima al poeta y al hombre, junto con otros intelectuales, proponen a Miguel que renuncie a sus ideales a fin de poderlo sacar de la cárcel. Pero el no acepta traicionarse, y se niega como el viento de sus versos:

Los bueyes doblan su frente
imponentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con sus clamorosa zarpa.

En la cárcel permanece Miguel enfermo de tuberculosis y como le diría a su mujer, sin apenas asistencia médica, y sin medicinas:

…Josefina manda inmediatamente tres o cuatro kilos de algodón y gasa, que no podré curarme hoy si no me mandas. Se ha acabado todo en esta enfermería. Ayer se me hizo una cura con trapos y mal… Josefina, te he escrito aunque no por mi mano, porque no podría…

Miguel, poeta de la revolución al que no doblegan los vencedores, es doblegado por la muerte en 1942 en el penal de Alicante. No sin antes dejarnos mimados clamores de justicia, susurro de futuros sin acallar el presente. Dolor y vida fundidos a la lucha y la esperanza, en cualquiera de sus últimos versos:

Turbia es la lucha sin sed de mañana.
¡Qué lejanía de opacos latidos!
Soy una cárcel con una ventana
ante una gran soledad de rugidos.
Soy una abierta ventana que escucha,
por donde va tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida.

José María de Cossío quiere mantener viva la memoria de su amigo, y en ediciones especialmente autorizadas para la Colección Austral, consigue que en 1949 se publique El rayo que no Cesa . Cossío prolonga el poemario y entre otras cosas diría de Miguel:

“Su conducta exaltada en el conflicto fué digna del respeto de todos, por su humanidad y limpieza. Así fue reconocido unánimemente".

Miguel Hernández, ¿poeta, mito, aciertos, desaciertos, leyenda?: Un Hombre.


Bibliografía:
1-Miguel Hernandez, escritor y poeta de la revolución. Andrés Sorel. Editorial Zero. Colección Lee y Discute. R-Nº68

2-Miguel Hernandez. Antología. 2º edición. Colección: Se hace camino al andar. Serie S. Número 38. Editorial Zero.
3-Miguel Hernandez. Antología. 2º edición. Colección: Se hace camino al andar. Serie S. Número 38. Editorial Zero.
4-3w.publico.es/culturas/291456/miguel-hernandez-rechazo-hacer-un-gesto-a-favor-de-franco
5-El rayo que no cesa. 7ª edición. Colección Austral. Espasa Calpe, S.A

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martes, 22 de abril de 2008

A un olmo seco. Antonio Machado (aprendiendo de los grandes)

pintura el pianista. Lopez Vicente

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
hunden sus telas grises las arañas.
Ates que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que, rojo en el hogar, mañana
ardas, de alguna mísera caseta
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hacia la mar te empuje,
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

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viernes, 21 de diciembre de 2007

Acto poético-musical. La Copla y la Poesía Popular


Como desde hace tres años, por estas fechas, en un pueblo cercano a Sevilla se viene celebrando un acto con características especiales organizado por la revista literaria El Unicornio (a la que pertenezco desde su fundación) y la Peña Flamenca La Niña de los Peines.

La interpretación poética, el cante, la copla, y el baile, entre filigranas de guitarras y guirnaldas de piano se funden en un grupo dispar de edad e inquietudes que se aúnan y complementan. Acto cultural pionero que ya está creando escuela ante la asistencia de personalidades ligadas a las artes, y que sin el esmerado impulso, coordinación, y dedicación del Director Rafael Guisado Pérez dudo que hubiese dado estos frutos.

Desde aquí vaya para él mi felicitación haciéndola extensiva para todos los participantes porque hemos hecho un hueco volcándonos en el éxito de este evento.
La cita a la que todos quedáis invitados, es hoy viernes 21 de diciembre, a la 9 de la noche, en el salón Cervantes de Arahal. Sevilla




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lunes, 2 de abril de 2007

Más de Pablo Neruda

foto creación familiar














VALS

Yo toco el odio como pecho diurno,
yo sin cesar, de ropa en ropa vengo
durmiendo lejos.

No soy, no sirvo, no conozco a nadie,
no tengo armas de mar ni de madera,
no vivo en esta casa.

De noche y agua está mi boca llena.
La duradera luna determina
lo que no tengo.

Lo que tengo esté en medio de las olas.
Un rayo de agua, un día para mí:
un fondo férreo.

No hay contramar, no hay escudo, no hay traje,
no hay especial solución insondable,
ni párpado vicioso.

Vivo de pronto y otras veces sigo.
Toco de pronto un rostro y me asesina.
No tengo tiempo.

No me busquéis entonces descorriendo
el habitual hilo salvaje o la
sangrienta enredadera.

No me llaméis: mi ocupación es ésa.
No preguntéis mi nombre ni mi estado.
Dejadme en medio de mi propia luna,
en mi terreno herido.


(Pablo Neruda)





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sábado, 31 de marzo de 2007

Pablo Neruda



El libo “Selección de Poemas” de Pablo Neruda, está forrado con plástico transparente a modo de reliquia y sus hojas desvencijadas que debieran estar unidas, duermen despegadas y rotas de tanto usarse. Podría comprar otro pero no sería el mismo, éste, éste para mí es el verdadero, en el que descubrí a Pablo Neruda, el que sus letras gastadas a fuerza de mirarlas reviven juventudes, contornos avejentados que al abrirlo, siempre, siempre se abre por la página 34 abrigándome sin tener que buscarla, el que su lomo harapiento sigue recordándome que Neftalí Ricardo Reyes Basoalto es “Pablo”, el que conserva suspiros y alientos de un tiempo al que acudo como sinfonía del universo, y aunque publicado en 1973 por El Circulo de Lectores, hoy, extraigo de él un poema inmenso (para mi gusto) que quiero compartir ésta noche como si fuera la primera vez que lo descubro:

Veinte poemas de amor y una canción desesperada.

Poema 20

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,
y titilan, azules, los astros, a lo lejos.”

El viento de la noche gira en el cielo y canta

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos
árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis
brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
Y éstos sean los últimos versos que yo le escribo
.



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miércoles, 15 de noviembre de 2006

Miguel Hernandez. Rescatando la memoria

foto creación familiar














Ayudadme a Ser Hombre
No hay cosa más intemporal que acompañe al hombre que el hambre. Los instintos se desatan, el delito se agudiza, la mirada se vuelve turbia y enojosa para luego cambiar a ese mirar resignado e impotente de quien espera la muerte. El hambre no tiene fronteras y como tal los gobernantes y la humanidad debería trabajar para evitarla, pero aunque parezca absurdo, el mismo hombre es el primer cultivador de indigencia: marginando, sectorizando, enriqueciéndose a costa del sufrimiento ajeno, y planifica una globalización de las riquezas de tal manera, que hasta hay quienes se erigen en salvadores de la humanidad calificando de agitadores y peligrosos a todos los que, de una forma u otra, levanten la voz en pos de una justicia social, una repartición de las riquezas, o una estrategia solidaria a favor de las zonas acosadas por la hambruna.
Este mal que azota a la humanidad no es signo exclusivo del siglo XXI, sino que a lo largo de la historia ha quedado reflejados en poemas, novelas, libros, escritos, formas de gobierno y costumbres de la ciudadanía, de tal manera, que la humanidad se ha visto clasificada, de forma real y evidente: dependiendo de las riquezas se es hombre (ciudadano) de una categoría u otra. No voy a hacer un estudio sobre el tema (arduo y espinoso) más bien quiero trasladar a ésta página, la evocación y el sobrecogimiento que me causó y causa el poema II de Miguel Hernández: “El Hambre”.
Quizás de entre tantos poetas que he leído, Miguel Hernández junto a Gabriel Celaya hayan sido los que dejaron sus semillas plantadas algo más profunda que los demás, de manera, que las raíces les permiten brotar a pesar de las inclemencias y los vientos de despilfarro que corren, frente a la realidad cotidiana.

En la primera estrofa, Miguel Hernandez(1910-1942) pretende racionalizar sus vivencias, el conocimiento que asume tal y como hombre de huerta y ganado que reconoce el entorno que le rodea, sólo que ésta vivencia indigna del hambre le espanta, y fruto de ese conocimiento escribe:

EL HAMBRE es el primero de los conocimientos:
tener hambre es la cosa primera que se aprende.
Y la ferocidad de nuestros sentimientos
allá donde el estómago se origina, se enciende.

Califica EL HABRE inequívocamente con letras mayúsculas introduciéndonos en el comienzo de la dimensión del conflicto interior que pretende esconder, interiorizar, en lo más profundo del sentimiento de ser “hombre” antes qué animal (horror que describirá en estrofas posteriores). Nadie sabe lo que se es capaz de hacer cuando el hambre ruge reclamando alimento, nadie podemos calcular, razonar, de forma humana cuando los instintos se desatan, cuando la fiera biológica de la supervivencia se crece desmesuradamente sin alimento que llevarse a la boca, por eso, en la segunda estrofa se hace a sí mismo una invocación a lo humano que lleva dentro diciendo:

Uno no es tan humano que no estrangule un día
pájaros sin sentir herida la conciencia:
que no sea capaz de ahogar en nieve fría
palomas que no saben si no es de la inocencia.

Si seguimos el ritmo del poema, si profundizamos en cada palabra y su carga significativa, nos damos cuenta que, por muy razonado que quisiera escribir sus palabras no son letras, sino que es la propia hambruna la que habla, la que prevalece por encima de todo, la que, en una oleada de ir y venir desde el estómago al deseo de alimento, nubla su razón y todo se transforma en un tremendo esfuerzo él y no el animal que se lleva dentro:

El animal influye sobre mi con extremo,
la fiera late en todas mis fuerzas, mis pasiones.
A veces he de hacer un esfuerzo supremo
para callar en mí la voz de los leones.

Sorprendido de sí mismo, quizás dándose cuenta quiere reprimir esa atención obsesiva y vuelve a acogerse al análisis para distraer el hambre reclamándose la parte no animal que le toca y de la que se niega a renunciar. Bucea su interior buscando la pureza de sentimientos, el origen humano de la especie que diferencia al hombre del resto de los seres vivos esforzándose en poner distancia entre el animal y el HOMBRE, en toda la dimensión de la palabra, es como si hiciese una separación entre el ser y el querer más allá de ese límite que se unifica en UNO: hombre y hambre son la misma cosa:

Me enorgullece el título de animal en mi vida,
pero en el animal humano persevero.
Y busco por mi cuerpo lo más puro que anida
bajo tanta maleza, con su valor primero.

La dimensión de las palabras de éste poeta no es una dimensión concebida al arrullo de una vela, ni fruto de una imaginación empática, muy al contrario, sólo quien ha sentido el hambre, quien ha visto morir de hambre, quien vive la batalla y la angustia del estómago que sustituye todos los pensamiento en busca de un mendrugo, una miaja, una cáscara que comer, puede escribir:

Por hambre vuelve el hombre sobre los laberintos
donde la vida habita siniestramente sola.
Reaparece la fiera, recobra sus instintos,
sus patas erizadas, sus rencores, su cola.

Arroja los estudios y la sabiduría,
y se quita la máscara, la piel de la cultura,
los ojos de la ciencia, la corteza tardía
de los conocimientos que descubre y procura.

La fascinación por la naturaleza, por la mujer y el hombre, por la labranza y los barbechos: se han roto. El hombre deja de ser hombre. Inútilmente los guijarros del barro volverán a ser cántaro; el animal, los instintos primitivos empuñan colmillos dispuestos a atacar a todo lo que se anteponga entre la fiera y su alimento. Si el miedo destruye, el hambre engendra rebeldías, envilece, y por último mata. Pero antes de matar baila sobre los cuerpos su rito biológico de eructos, gases, debilidades... extiende la cordillera de platos vacíos, y humilla al hambriento:

Entonces sólo sabe del mal, del exterminio.
Inventa gases, lanza motivos destructores,
regresa a la pezuña, retrocede al dominio
del colmillo, y avanza sobre los comedores.

Se ejercita en la bestia, y empuña la cuchara
dispuesto a que ninguno se le acerque a la mesa.
Entonces solo veo sobre el mundo una piara
de tigres, y en mis ojos la visión duele y pesa.

En la cárcel, concretamente en el Reformatorio de Adultos de Alicante (donde toda esa zona del Levante estuvo muchos años azotada por las fiebres tifoideas), Miguel Hernández, como tantos otros presos y no presos, enferma de paratifus. Atrás quedaban las Misiones Pedagógicas, La Barraca de García Lorca, el voto femenino, la condena de Miguel de Unamuno por injurias al Rey, la peste española (enfermedad que en 1918 se llevó a millones de españoles y 21 millones de personas de todo el mundo transmitiéndose por el habla, la tos, o el estornudo); atrás no quedaba la guerra, ni la miseria, ni las viudas, ni los huérfanos… El hambre batallaba por todos los rincones, pero el hambriento no es indigno lo indigno es permitir que el niño, que el hombre o la mujer: la padezcan. Las letras de Miguel en las dos últimas estrofas encierran todo un arco solidario, toda la humildad del mendigo suplicando ayuda para seguir siendo persona. Ayuda que hoy los hartos negamos a otros niños, a otras personas que imploran "no ser fieras eternamente":

Yo no tengo en el alma tanto tigre admitido,
tanto chacal prohijado, que el vino que me toca,
el pan, el hambre no tenga compartido
con otras hambres puestas noblemente en la boca.

Ayudadme a ser hombre: no me dejéis ser fiera

hambrienta, encarnizada, sitiada eternamente.
Yo, animal familiar, con esta sangre obrera
os doy la humanidad que mi canción presiente



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martes, 7 de noviembre de 2006

Epistolario entre Miguel Hernandez y Pedro de Luís

foto creación familiar





A nosotros que hemos nacido poetas entre todos los hombres, nos ha hecho poetas la vida junto a todos los hombres.
Nosotros venimos brotando del manantial de las guitarras acogidas por el pueblo, y cada poeta que muere, deja en manos de otros, como una herencia, un instrumento que viene rodando desde la eternidad de la nada a nuestro corazón esparcido. Ante la sombra de dos poetas levantamos otros dos, y ante la nuestra se levantaran otros dos mañana. Nuestros cimientos cimiento será siempre el mismo: la tierra. Nuestro destino es parar en las manos del mueblo.
* * * * * * * * * * *

Un rosal sombrío viene y se cierne sobre mí, sobre una cuna familiar que se desfonda poco a poco, hasta entreverse dentro de ella además de un niño de sufrimientos, el fondo de la tierra. (...) Cuántas bocas cenicientas de rencor, hambre muerte, pálidas de no cantar, no reír: resecas de no entregarse al beso profundo. Pero el pueblo sonríe con una florida tristeza. Él nos responderá.
* * * * * * * * * * *

Hablemos del trabajo, del amor sobre todo, donde la telaraña y el alacrán no habitan. Quitémosnos el pavor real y suficiente, la palabra con toga: vamos ha hablar del día, de la emoción del día, abandonemos la solemnidad. Hablaremos unidos de las cosas del mundo frente al hombre. Así descenderemos de nuestro pedestal de nuestra pobre estatua, y a cantar entraremos a una bodega, a un pecho o al fondeo de la tierra. Siempre fuimos nosotros sembradores de sangre, por eso nos sentimos semejantes al trigo. No reposemos nunca: eso es lo que hace el sol. Nuestros cinco sentidos en todo arraigan, piden posesión y locura. Agredimos al tiempo con la feliz cigarra, con el terrestre sueño que alentamos. Hablemos sobre el viento y la cosecha.
* * * * * *
Los poetas somos viento del pueblo: nacemos para pasar soplando a través de sus poros, y conducir sus ojos y sus sentidos hacia las cumbres hermosas.
Miguel Hernández
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No sé si puedo hablar de la poesía que escribo. Tal vez, mejor, de la que quisiera escribir. Intención y obra se nos queda, acaso siempre, distante.
Vamos andando por la ciudad, por el campo, por la montaña. Vamos caminado siempre: sobre tierra maternal, sobre la yerba húmeda, sobre el asfalto áspero. Con leve esparteña, con fornido cuero, con trabajada piel. Es igual. El hombre, camina siempre. El destino que cumplimos es el de caminar: homo viator. Por eso quería escribir una poesía sobre la marcha. Como de cura de urgencia. Una poesía que a la vez, cante y descubra el camino. Porque acaso no hay camino, sino que se hace el camino al andar como decía Don Antonio Machado. Una poesía como una luz, poniéndonos en claro con nosotros mismos y los demás; una poesía que pueda hacernos, por tanto, mejores y más libres.
La poesía es una luz que se genera en hondos transformadores de entusiasmo; es un agua que surte de hondos pozos de amor. El poeta no es sino el cobre electricista, el plomo fontanero: conduce el calambre luminoso, el líquido clarísimo, hasta el último rincón de la casa, hasta el corazón de los hombres, en un milagro diario.
No es que hagamos poesías, ni si quiera que la vivamos: sino que la poesía es la vida misma. Ese sueño o pájaro que se torna imposible. El hijo que no llega. El ser querido que muere. Nuestro hospedaje en un tiempo armado de sombras. La sensación de extrañeza dentro de un mundo inhóspito. El papel que representamos en la repetida escena del teatro real. La conciencia de una sociedad injusta. El dolor compartido. La luz de la esperanza a nuestro lado...
La poesía es, en definitiva, respirar por la herida. El poeta respira por la propia herida, que puede ser igual a la de otros muchos. De ahí su comunicatividad.

Leopoldo de Luis.
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