martes, 26 de enero de 2010

Pegada a mi costado





Como una baraja de cartas abiertas al azar, tiene mi corazón la angustia pegada a mi costado. Y aunque nadie lo sepa, en este rincón olvidado, un aliento gélido me cruza paralizando resortes escondidos de mi subconscientes, contra los que lucho encendiendo una hoguera que alimento con palitos de auto-hipnosis y puñados de optimismo. Pero desde hace tiempo, mucho tiempo, quizás desde el principio de los principios, un discurrir triste se ha instalado en la esquina oculta de este rincón y por más esfuerzos por no verlo, taparlo, o esclarecerlo, reaparece la arista endiablada acuchillando todos los poros de mi espíritu.
Y quiero gritar. ¡GRITAR…!
La vida es injusta. Cuando menos te lo esperas te deja colgando de un libo triste que te adormece y te deja paralizado mientras todo sigue en movimiento y hasta las tinieblas adquieren púlpitos que desearías no conocer. Malditas visiones… Malditos sentimientos crucifijados a sangre y fuego bajo la piel del pellejo como un compañero inquebrantable. ¡Cuándo daría por ser como el resto de los mortales! Mirar con ojos de inocencia, reconquistar la música de la tarde, el sueño fascinante de la juventud nueva, o simplemente poseer la facultad de tener vetado todos los accesos a dimensiones extrañas, juego cruel e incomprensible donde la trompeta de la vida toca una melodía conjugando pasado y futuro simultáneamente, ofreciéndome éste sentir tan triste, que me aferro a cuatro letras como tabla a la deriva en un océano esperanzador, donde caballos de bastos cabalgando por la vida vengan a rescatarme.

© Copyright.2005-2009 Inma Valdivia. Todos los derechos reservados.
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1 comentario:

Arruillo dijo...

Hola Inma
Te prodigas poco, pero cuando lo haces das duro. Muy intimista tu texto, reflejo de lo que es la vida real de cada uno de nosotros y no la que vemos desde el exterior. En ese mar a la deriva navegamos todos, aunque no lo manifestemos, aunque no se nos note y puede que también esperemos ese "caballo de bastos" que venga a rescatarnos; al menos con esa ilusión vivimos.
Un beso