miércoles, 5 de diciembre de 2007

Navidad en una botella



Una casa donde los niños se multiplican de debajo de las piedras significa que ni la madre tiene tiempo ni la noche tabique, “¡Miqui... deja de sacarle brillo al suelo qué no le salen piojos!,” solía decir mi madre cuando reclamaba apresuradamente mi presencia, siendo aquel día navideño una de esas veces. Todo se le amontonaba. Para colmo, la hermana de mi padre, qué no veía tres en un burro, Aurelia, llegaba ese día de Navidad con el marido, porque estaban desde Melilla de viaje de novios y no tuvo otra ocurrencia que visitar a toda la familia, de paso seríamos presentado a su marido (mi tío) que por el talante de las fotos, a mi me parecía más un alambre qué una guita; comparación que viene por eso que le escribió mi padre a mi madre cuando estaba en La Zona haciendo el servicio militar: No te preocupes por mí, aquí estoy bien. Se come; cosa que fuera escasea, y al llegar la noche me acuesto en un alambre y me tapo con una guita. Letras que la crédula de mi madre se creyó a pies juntillas y no paró de llorar hasta que en la feria le dieron permiso y lo vio entrar por la puerta. Y es que la imaginación es tan astuta, que a veces guarda los mensajes como recuerdos en una botella.

Pero mis tíos, los que venían de viaje de novios, los esperaba mi madre para almorzar y sólo faltaban dos horas, lo que significaba “hacer una comida especial", no para ellos exclusivamente, sino para doce comensales si no quería atenerse a las alborotadas imprudencias propias de ocho niños que oscilaban entre los tres y los catorce años.

Mi tía Aurelia llego antes de lo previsto con sus inmensas gafas, y mientras los hombres habrían boca entre el mosto y el tomate con ajos picaditos, ella, como atraída por el olor del caldo de gallina, se acercó a la cocina donde mi madre y yo terminábamos los preparativos. Por aquel entonces ni todas las casas de Osuna tenían fregaderos ni el agua llegaba a todas las casas, por lo que en la mía se fregaban los platos en dos lebrillos de barro con el agua qué previamente habíamos volcado del cántaro o sacado de la tinaja. A mi madre le gustaba tener algún remanente por lo que pudiera pasar, siendo a primera hora de la mañana, cuando todos dormíamos, el momento idóneo para traer varias cargas de agua en uno de esos carritos de dos cántaros.


Pues bien, como decía, mi tía estaba en la cocina con nosotras. Mi madre hacía una abundante ensalada y yo, a medida que secaba los cubiertos, salía y los colocaba en la mesa, pero una de las veces al volver a la cocina, sorprendí a mi tía con la nariz casi dentro lebrillo metiendo y sacando la cuchara en el agua de enjuagar la bajilla al tiempo que decía tras sorberla con entusiasmo:

“Sobrina, ¡pues no está tan bueno este caldo! ¡Y mira que olía bien desde fuera! Pero no… ahora que lo huelo de cerca… sabes tú que no. No ha salido ni mijita de gustoso”


© Copyright.2005-2007 Inma Valdivia. Todos los derechos reservados.
blog-feed.g?blogID=20080040

8 comentarios:

Nahira dijo...

Reuniones de familia, cuanto trabajo! para que muchas veces digan como la tía, "esto no está tan bueno", pero que más da, así y todo esas reuniones son lindas y dejan muy bonitos recuerdos.

Hermosa historia Inma, un beso grande!!

INMA VALDIVIA dijo...

Mi querída nahira, las reuniones de familia dejan con el tiempo ese sabor de añoranza, de tiempos que no vuelven, y no me veas lo acertado que nos resulta a quienes escribimos los comentarios.
No se quién dijo que un libro no se termina hasta que no ha sido leido, y es tan cierto como que el lector nos descubre esa dimentsión que no alcanzamos a ver cuando escribimos.
Y tú te preguntarás ¿A qué viene esto?
Muy simple, tu comentario me ha hecho descubrir que al final del relato no quedaba muy claro que Aurelia lo qué estaba probando era el agua de fregar los platos, así que he cambiado dos palabras y creo que ahora sí , si se entiende el asunto.
Mira tú por donde Nahira, además de amistad, esta forma de hablarnos da otros frutos
Mil besos mi querida amiga.

MEF. dijo...

....Es un relato hermoso,y anecdotico,que tiempos los de nuestra infancia....jajaja.y la tia cuando se dio cuenta que no era la sopa?....un abrazo.America.

INMA VALDIVIA dijo...

Cosas de navidad, mef. cosas de navidad.
Un saludo

moderato_josef dijo...

Excelente post costumbrista y familiar, me agradó degustarlo, excelente blog. Saludos desde Madrid!

INMA VALDIVIA dijo...

Bienvenido a este barrio moderato_jose, creo que ya sabes que a todos los que pasan por aquí antes de visitarles lo primero que hago es ofrecerles un teé con hierbuena, qué por la temperatura que hoy está haciendo en Sevilla supongo que en Madrid se agradece más aún algo que entone el cuerpo.
Gracias por acercarte y por los elogios, desde luego ésta es tu casa.
Acepta estos saludos de bienenida.

mos dijo...

Te he descubierto a través del blog de moderato josef y tengo que decirte que me ha encantado lo poco que he visto y leído. ¡Vaya con la tía Aurelia!. No veía tres en un burro. Anecdótico 100 x 100.
Un relato costumbrista cargado de añoranza y recuerdos bien expresados. Me ha trasladado a mi tierra, Murcia, y a la casa de mi abuela con los lebrillos, el patio, los guisos, etc.
Encantado de haber pasado por aquí.
Un saludo de Mos.
Cada vez me sorprendo más de la cantidad de gente que tiene algo que contar y que disfruta contándolo.Un abrazo

INMA VALDIVIA dijo...

se acercan fechas de sentimienentos contradictorios cuando llamas a ésta puerta mos, pero pasa, has llegado a punto de caramelo, estaba preparando una segunda ronda de teé con hierbabuena con la que suelo acoger a quienes se acercan por primera vez por aquí, toma asiento que ahora mismo te lo sirvo, y seguiremos hablando de la navidad y otros temas.
Gracias por acercarte y espero seguir recibiéndote en esta tu casa.
Un saludo literario