miércoles, 28 de junio de 2006

TRES HORAS

foto creación familiar














El rumor del agua me llegó de golpe, bronco, como un ladrido inesperado que en la niebla me auguraba presagios desconocidos. Yo no sabía qué había dos palmos más allá, qué se escondía tras la cortina brumosa, solo aquel blanco humedecido, desafiante, que dejaba hasta mis manos perdidas ante mis ojos. Antes sabía donde estaba, pero ahora después de tres horas a la deriva y sin brújula, todas las coordenadas podían ser falsas, todos los meridianos ilusiones de una mente sin ancla donde el instinto de supervivencia ve barcos donde hay rocas y oye sirenas en el silbo de la espuma. Porque aunque el temporal acrecentaba mi paciencia, la angustia se apoderaba de mi de tal manera que solo hicieron falta tres horas para que todo lo aprendido en el mar lo desaprendiera. No me enfrentaba al peor de los temporales sino a la peor de mis dudas. Ya no escuchaba su voz, no sentía su presencia como un ¡socorro! metido en las sienes que me consolaba desde que ella cayó por la barda. Pero ya… sólo los golpes quebradizos del agua contra la barca reclamaban mi abandono. Luego la calma espesa como una espada. El sol cruel rasgó el velo hasta dejarme ver un mar plano, vacío, sin el cuerpo de mi amada... y con el mío.




de mi libro El Cuerno del Unicornio
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1 comentario:

Jorsh dijo...

He venido a visitarte y me he chocado con un blog impresionante. Tres horas es un pensamiento de colisión, una fuente o de recuerdo o de remordimiento. Pese a su belleza, poco podría yo entender: Para eso están los autores, aunque a veces dicen que uno cuando escribe, al instante, el escrito abandona al escritor y poco tarda en no dejarse entender ni por su creador. Pero ahí está el gusto. En tres horas, ouedo tener esa noción (que posiblemente no sea la correcta)
Un abrazo y gracias por la visita.
Jorsh.